El preboste del balompié se ha decidido a decir majaderías, y lo ha hecho a conciencia, con ocasión del comienzo del magno evento deportivo mundial. Ha pronunciado un discurso que en sí mismo constituye la mejor proclama contra la celebración de dicho evento. Hay que ser imbécil para citar, retóricamente, y una por una, todas las razones para repudiar que ese acontecimiento tenga lugar en el estado promotor del yihadismo, adalid de la persecución LGTB, opresor de las mujeres y ejemplo de la peor explotación laboral de los inmigrantes.

De propina, el personaje ha dicho también alguna enormidad histórica. Según él, Occidente debe pedir perdón por lo que ha hecho en los últimos 3000 años (!).

Esto es un disparate colosal. 

Para empezar, hace 3000 años, el llamado “Occidente” no había entrado propiamente en la Historia. Aún faltaban algunos siglos para que Homero cantase la lucha entre aqueos y troyanos. O para que los persas acosasen a los helenos en el Peloponeso. 

Hace 3000 años, los habitantes de Europa se entretenían no en hacerle la vida imposible a “Oriente”, sino en l llenar los humeantes calderos con la pócimas de los druidas. Eran gentes que acababan de salir de la Edad del Bronce y que vivían de forma primitiva, esencialmente tribal, sin grandes estructuras sociales, militares o políticas y sin muchas ganas ni medios para ofender a “Oriente”, donde, en aquellos años, progresaban civilizaciones infinitamente más avanzadas, como las de los sumerios, los acadios o los egipcios.

Solo a partir de las conquistas de los macedonios en Oriente Medio, hace 2350 años, que no 3000, se podría hablar (así lo hace Anthony Pagden, que es voz muy cualificada) de una especie de enemistad perpetua entre dos mundos; Roma, las Cruzadas, la expansión del Islam, los Imperios Coloniales, el capitalismo extractivo multinacional…

Pero, en todo caso, aún asumiendo esa “enemistad perpetua”, hablar de culpabilidad de Occidente es una trampa intelectual. Es la trampa consistente en “hipostasiar”

Hipostasiar es el término al que recurrió Kant para referirse al delito intelectual de dar carta de naturaleza real a lo que solo es un objeto de razón. En este sentido, Occidente es una hipóstasis vacía. Nadie ni nada real es “Occidente”. Yo no soy “Occidente”. Ni tú tampoco, amable lector. Y  tú ni yo, creo, tenemos nada que ver con la barbarie de la conquista de Jerusalén por los Cruzados, en 1099, pongamos por caso.

Nos pasamos la vida hipostasiando de forma temeraria. Decimos por ejemplo, “Rusia quiere reconstruir el imperio de los zares”. Sin embargo, en ese sentido, “Rusia” es una  simple hipóstasis. Deberíamos en todo caso hablar del lamentable gobierno actual de Moscú, o algo similar. También se dice, “España debería pedir perdón por los crímenes de la Conquista”. Pero, en ese contexto, España es una hipóstasis y no creo que ni tú ni yo, si es que somos «España», tengamos que disculparnos por los atropellos de Pizarro y su banda en Nueva Castilla, allá por el siglo XVI. 

En la torpe dialéctica de los prebostes, en las paparruchas de los clérigos, en la charlatanería de los malos filósofos…por todas partes se hipostasia alegremente y a conveniencia de quien habla.

La proclama del cabecilla federativo, ayer en Catar, ha sido un ejemplo perfecto de tonta hipóstasis y de profunda incultura histórica. 

Ahora bien, como ya he dicho más arriba, el discursillo ha tenido la virtud de poner en primer plano el infame hecho de blanquear, a base de goles-goles de sangre- a unos sátrapas criminales y opulentos.

Hay que disculparle la hipóstasis. Más que nada por lo oportuno de su intervención. Un gol en propia puerta.

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