Insidioso y Marrullero Animal

Alguien ha dicho, hablando de ciertas difíciles decisiones de gobierno, que su eficacia estaría condicionada por “las habilidades de ese insidioso y marrullero animal, al que vulgarmente conocemos como hombre de estado o político, cuyas posiciones son guiadas por la evolución de las circunstancias en cada momento

Es curioso que tan aguda frase frase, que muchos suscribirían hoy como perfecta descripción de los prebostillos y mandamases que sufrimos, fue escrita precisamente, hace dos siglos y medio, por el gran patriarca del sistema económico liberal. El sistema que, en cierto sentido, fundamenta y soporta precisamente a todo este desolador tinglado de la política y los políticos. 

Puedes encontrar la fuente en el Libro IV , capítulo II de la Riqueza de las Naciones. 

Y por si no me crees, aquí te transcribo las mismísimas palabras usadas por Adam Smith:

…of that insidious and crafty animal, vulgarly called a statesman or politician, whose councils are directed by the momentary fluctuations of affairs

No hay nada nuevo bajo el sol.

Uppgivenhets-Syndrom

Pensemos en un tema para un cuento cautelar. Para una fábula de carácter más bien infantil.

La idea sería que los niños del mundo, indignados por cómo lo están dejando los adultos, deciden rebelarse. Y su forma de rebelarse es dormirse. Así que millones de niños en todo el planeta entran en un sueño profundo y continuo del que no despertarán hasta que las cosas empiecen a cambiar. Solo su sueño colectivo podrá salvar el mundo.

Bueno, pues, en cierto modo, esto ha venido ocurriendo en realidad, aunque parezca una fábula. Ha venido ocurriendo-y ocurre- en Suecia y lo llaman Uppgivenhets-Syndrom. 

Es algo que ha afectado y afecta a niños (y adolescentes) de familias de refugiados que llegan de los Balcanes o bien–recientemente– de origen yazida.

No es un virus. No es una enfermedad infecciosa, aunque lo parece. Es una reacción al dolor y a la tristeza.

Los niños que padecen el síndrome no simulan. Se ha comprobado cuidadosamente. Lo saben bien los médicos y los padres, que alimentan a sus hijos dormidos mediante sonda.

Al parecer, estos niños perciben la tensión en sus familias de refugiados. Sienten la angustia insoportable, la miseria, la tensión. Y reaccionan entrando en un sueño del que no despiertan. 

Solo salen del mundo de los sueños cuando, de algún modo inexplicable, perciben el retorno de la serenidad a sus hogares.

Cuesta trabajo creer en esto. Pero un largo artículo en el New Yorker ha explicado con todo detalle la naturaleza del fenómeno. 

Podría ser una fábula. Pero es una turbadora realidad. Como tantas cosas que nos rodean.

Uppgivenhets-Syndrom; significa síndrome de resignación infantil.

Pero quizá la verdadera resignación es la nuestra. Y tal vez los que estamos tristemente dormidos somos nosotros.

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Tristis

Se llama R21 y es la nueva vacuna contra la malaria, que mejora sustancialmente la que se desarrolló hace 30 años y que solo ofrecía un 50% de eficacia. Hablan de ella en Le Figaro de hoy, 3 de Mayo.

La innovación se debe a la Universidad de Oxford, y es el fruto del trabajo del mismo equipo que ha hecho posible la vacuna Astra Zeneca contra la Covid.

Es una gran noticia, porque la malaria es, desde hace muchos siglos, el enemigo público número 1 del hombre; un insidioso, constante e implacable verdugo del género humano. 

Tan solo en el pasado año se calcula que más de un cuarto de millón de niños menores de 5 años murieron por esta dolencia. 

A pesar de esta pandemia silenciosa que se sucede año tras año, se dedican pocos recursos para perfeccionar una vacuna realmente eficaz contra el paludismo. Esto debe ser porque la malaria es esencialmente una enfermedad de países pobres y, por lo tanto, para las grandes compañías farmacéuticas resulta inútil invertir en este asunto. 

Tiene triste gracia que el nombre del mosquito que transmite la malaria signifique precisamente esto tan escandaloso que comento.

Porque, mira por donde, anopheles es palabra griega que indica lo que no es provechoso, lo que no produce beneficios. Lo inútil.

Anopheles incluye la particula de negación “an“, seguida de “opheles“, que significa en griego “ventajoso“, “provechoso“, “aumentador de recursos“, tal como se nos indica en el monumental diccionario de Liddell (novena edición, página 1277).

Por lo tanto, “an-opheles” es lo que no da beneficio.

El adjetivo griego, “opheles“, es interesante. No solo nos lleva al dichoso mosquito “inútil“, sino también, nada menos, que al texto de la oración principal cristiana, el “Padre Nuestro” (tal como se lee en el Evangelio de Mateo), y a una traducción escandalosamente manipulada.

Ahí se dice (Mateo 6,12) que hay que pedir que nos sean condonadas las ventajas o recursos que hemos adquirido (se sobreentiende que adquiridos mediante endeudamiento) del mismo modo que nosotros perdonamos a los demás sus cargas (afes hemin ta ofeilemata hemon, os kai hemeis afekamen tois ofeiletais hemon). 

Sin embargo, recientemente, los que mandan en la Iglesia Católica, han renunciado a la traducción fiel, modificando el texto tradicional del Padre Nuestro e introduciendo, sin ninguna base, la idea de “ofensa“, que no guarda ninguna relación con el término original del Evangelio, esto es, ofeilemata, (ὀφειλήματα), el cual significa propiamente, carga, beneficio pendiente de devolución, deuda económica o moral, en suma. Nada de ofensa.

He aquí pues una traducción manipuladora, realmente. 

En fin, veo que en mi errabundo vagar mental de esta mañana de Mayo, antes de irme a caminar con buenos amigos por el Valle del Lozoya, he pasado de la malaria a la oración, con pensamientos bastante tristes en ambos casos.

Acaso es porque el día ha amanecido lluvioso en la sierra (tristis era en latín la forma de referirse al cielo cuando se oscurecía por las nubes, y por extensión a un día gris y lluvioso)

O puede que sea porque en mi subconsciente ha palpitado aquel delicioso poema de Rubén Darío sobre Francisco de Asís y el lobo de Gubbia, que concluye con el santo mínimo murmurando en voz baja un Padre Nuestro, triste y resignado ante el pertinaz imperio del mal entre los hombres.

Al-iftitan bi-l-suwar

Le comento a Marta que este año es el año de Dante, que falleció hace siete siglos justos. Surge al poco el tema del amor y su relación con la belleza, y hablamos de todo ello mientras, desayunamos en el jardín, en una incierta mañana primaveral.

Llegamos a la conclusión de que es la belleza la que desencadena el enamoramiento, lo queramos o no. 

Y que la belleza entra por los ojos, eso es algo que acordamos también, con resignación. 

Le digo a Marta que sobre este hecho irrefutable han meditado mucho los filósofos y han versificado sin descanso los poetas. 

Para Platón, lo bello y lo bueno solo podían ser la misma cosa. Por ello, en la lógica platónica, el amor no tendría sentido sin la belleza. 

Para la lírica europea medieval, solo la belleza idealizada, incluso divinizada, de la amada es el factor capaz de provocar el impulso amoroso puro. 

A su vez, aquellos poetas medievales, especialmente en el midi francés y en las penínsulas itálicas e ibéricas, beben del caudal de los poetas islámicos, verdaderos inventores del concepto de “flechazo” amoroso. 

Mucho antes de que los trovadores de Aquitania, Provenza o Sicilia cantasen apasionadamente al fin’amor, en el mundo musulmán ya se asumía como algo normal el trastorno o conmoción amorosa que sufre el alma al contemplar la belleza y la armonía de las formas. 

En ese mundo musulmán daban un bello nombre al flechazo irresistible y perturbador: “al-iftitan bi-l-suwar“, y se remontaban sus raíces y su justificación nada menos que a los textos coránicos. Se distinguía en árabe además dos modalidades del trastorno amoroso; por un lado, la variante irremediable, el idtirari, una especie de “amor fatal”, y por otro la forma libre y evitable, esto es, el ijtiyari

Pero ya se traté de idtirari o ijtiyari, lo cierto es que la lírica islámica idolatraba la contemplación de la belleza de los cuerpos vivos, quien sabe si como una forma de sabia compensación por la prohibición coránica de reproducir imágenes humanas en cuadros, esculturas o decoración. 

A su vez, esta adoración de los cuerpos en la lírica del Islam podría estar en relación, como contrapartida, con el peculiar rigor de las prohibiciones y restricciones que impone la religión musulmana respecto al cuerpo femenino y a su percepción. “El que mientras ayuna mira a una mujer hasta el punto de imaginar su anatomía, rompe el ayuno“, se dice en el Corán. 

Lo que me mueve a amarte, oh mi tormento / es la hermosura de tu rostro“, escribe el andalusí Ibn Zaydun dirigiéndose a la bella Wallada. 

Esa flecha que hiere y atormenta a Ibn Zaydun es la misma que penetra en Dante cuando ve pasar, en un rincón de Florencia, a Beatriz.

Al-ifitan bi-l-suwar.