Los sábados, suelo bajar hasta el centro de Madrid a primera hora. Esto me da ocasión para contemplar las inmensas colas de personas que, desde mediados de Octubre, pretenden adquirir boletos (!) en una famosa administración de lotería.

Comento el extraño fenómeno con un amigo que vive en la zona. Me dice que pasa todos los años. Y cada vez más. Y él tampoco entiende bien la razón.

–Hombre, yo quiero pensar que la gente ya sabe que en ese establecimiento se reparten más premios porque se vende mucha lotería. Y que se vende mucha lotería porque se reparten muchos premios. Es un proceso autoalimentado…

–Sí–asiente, mi amigo–aceptemos que lo saben, aunque eso es mucho aceptar, pero entonces cabe preguntarse por qué no compran esa lotería de esa tienda por internet y se ahorran estas colas interminables.

–¡Ah, querido! pues porque el ser humano quiere sentir, tocar, palpar la buena suerte y la felicidad. 

Esto es algo que también nos lo confirma la etimología…Seguimos siendo hombres primitivos que creemos que la buena fortuna y la mala fortuna, se transmiten mediante aquello que se puede tocar, coger, llevar…Seguimos creyendo en talismanes y amuletos, tras decenas de miles de años.

–Mencionas la etimología. ¿Es que la palabra suerte tiene algo que ver con tocar algo con las manos?

–En cierto modo, sí. Los griegos, por ejemplo, llamaban a la buena suerte, y por extensión a la felicidad “eutyquia”, que es palabra formada de eu, bueno y tykhe, suerte. Pero, a su vez, y esto es lo interesante, tykhe se deriva del verbo griego tynkhano, que significa “tocar”. Es el mismo verbo del que deriva en última instancia nuestro “tangible” o nuestro “tacto”.

Es decir, la suerte es, desde hace milenios, algo que se toca.

Y todas estas personas que hacen cola para comprar su décimo, necesitan sentir, tocar…En cierto modo intuyen que la suerte les empezará a llegar solo cuando tengan el boleto en sus manos.

–Muy curioso.

–Sí. Pero hay una lectura un tanto turbadora del hecho. Ciertamente necesitamos tocar, coger, sentir, y palpar para ser felices o creer que tendremos buena suerte. Pero ocurre que el mundo que se nos avecina parece ser que será un mundo en el que se nos va a privar de todo eso. Tiene pinta de que va a ser un mundo de oscuros metaversos y gélidos encuentros virtuales. Un mundo nada feliz, según yo lo veo. 

–Ya.

–Por eso no me parecen tan mal estas largas colas. 

–Ajá. Entonces incluso a lo mejor te animas y tratas de conseguir tú también algún décimo…

–Ja, ja…no. Hasta ahí no llego. Aunque, pensándolo bien…¿por qué no?

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