Estoy leyendo un libro interesante y ameno que trata de algo que está de moda: cómo la colonia bacteriana personal, particularmente la que habita en el sistema digestivo, influye en nuestra salud física en general y en nuestro estado anímico. El segundo de los capítulos del libro, escrito por Alanna Collen, se titula con la llamativa frase “toda enfermedad comienza en el intestino”.

Lo curioso es que otro de los libros que tengo (casi de forma permanente) al retortero en mi mesita de noche es el de los aforismos del fabuloso Lichtenberg. Ahí se puede leer que “en general se habla demasiado de la cabeza y el corazón, y demasiado poco del estómago, presumiblemente porque este está alojado en el piso de abajo; pero los antiguos lo entendieron mejor. Persio consideraba un sabio catedrático al estómago. Y ese (estómago) sabio, 1700 años después, seguro que sabe aún mucho mas…

Es sorprendente la gran cantidad de ideas probadas por la ciencia que mucho antes de ser confirmadas fueron yo intuidas por las mentes de los genios…

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