Comento con un amigo las tristes noticias que llegan de Oriente Medio. Mi amigo se extraña de que esos territorios y culturas en los que nacieron esas grandes religiones que proclaman el respeto al prójimo y la fraternidad entre los hombres, sean precisamente el foco de una violencia y un odio sin fin desde hace miles de años.

Debe ser la santa violencia. Una violencia que parece fatalmente vinculada a los libros sagrados y a las palabras sagradas. 

De hecho, tanto el Antiguo Testamento como el Corán ofrecen abundante fundamento verbal para quien no quiera ver otro camino que el odio y la destrucción del vecino. 

En el Corán encontramos la maldición divina al pueblo judío ya en las primeras páginas_ “Allah les ha maldecido (a los judíos) por no ser creyentes” (2.88).

O “(los judíos) tendrán desgracia en este mundo, y recibirán pesado castigo después” (5.41).

O, en referencia tanto a los judíos como a los cristianos “Alláh caerá sobre ellos cuando menos se lo esperen, y creará terror en sus corazones y (…) y Alláh habrá decretado el exilio para ellos; ciertamente les habrá castigado en este mundo y les hará sufrir con fuego en el siguiente” (59.2 y 59.3)

Por otra parte, en el Antiguo Testamento no hay ninguna actividad o experiencia humana que se mencione tan frecuentemente como la violencia.

Raymund Schwager se tomó la molestia de contar más de 600 pasajes bíblicos en los que se habla de pueblos, reyes o individuos aislados que han atacado, masacrado o alienado a otros.

Más aún, en la Biblia hay más de 100 referencias a órdenes divinas de llevar a cabo venganza o aniquilación. Y, desde luego, hay una extraña abundancia en las Sagradas Escrituras de palabras que o bien son sinónimos de violencia hacia el prójimo o están relacionadas con esa violencia. Esto es muy significativo si se tiene en cuenta que el hebreo bíblico es muy limitado en cuanto a léxico, pues solo presenta 5.750 vocablos diferentes en total. Pero pese a ello abundan en la Biblia raíces como sdd (devastar), hrm (exterminar), hrg (matar), rsh (asesinar), ‘nh (oprimir con violencia), lhm (hacer la guerra), nqm (vengarse), sht (arruinar al enemigo) o, en fin, por no hacer la lista más larga, hms (actuar con violencia). 

Por cierto que hms es la raíz de la que se deriva la palabra “hamas“, que en hebreo significa violencia y que está relacionada con una palabra idéntica del árabe con el significado de bravura, entusiasmo beligerante. Y se da el caso que la organización armada que controla virtualmente la franja de Gaza y que manifiesta la necesidad impersiosa de aniquilar el Estado de Israel, adoptó el nombre de Hamas que, si bien es propiamente un acrónimo, no deja de tener también muy turbadoras resonancias para quienes hablan en hebreo.

En fin, que los libros (especialmente los libros que se quieren ver como sagrados) y las palabras (especialmente las palabras que se pretende sacralizar) parecen estar detrás de un infinito de violencia y barbarie.

Por extraño que parezca.

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