Ayer me hicieron un concienzudo ecocardiograma. Un chequeo rutinario.
Al terminar, por los comentarios que escuché a los facultativos que consensuaban el informe, deduje que mi órgano no estaba perfecto, pero tampoco muy mal; los deterioros esperables, simplemente.
Así que mientras me abrochaba los botones de la camisa, bromeé con el doctor, preguntándole si a la luz del examen él consideraba que yo podría sobrevivir…
El doctor me miró en silencio y luego me espetó enfáticamente:
–Sobrevivir? No sobrevive nadie.
Tenía toda la razón este médico filósofo. Absolutamente nadie sobrevive. Caminamos todos hacia el final a la velocidad de 72 latidos por minuto.
No volveré a bromear en la consulta del cardiólogo.

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