Al parecer, la herramienta definitiva para erradicar la pandemia va a ser el control exhaustivo de los ciudadanos mediante sus teléfonos móviles.
Un amigo mío me dice, comentando esto, que vamos hacia una sociedad de control.
En realidad hace mucho tiempo que estamos en una sociedad de control.
Para empezar, recordemos que Gilles Delleuze, allá por 1990, mostraba que las sociedades de control comenzaban a sustituir a las “sociedades disciplinarias” (en la terminología de Foucault).
En las sociedades de control, nos decía Delleuze, lo esencial es la contraseña, “el número asociado al individuo, que permite o prohibe el acceso a la información“.
Delleuze, en modo absolutamente anticipatorio, pensaba–¡hace ya 30 años!–que “no es preciso apelar a la ficción científica para concebir un mecanismo de control capaz de proporcionar a cada instante la posición de un elemento en un medio abierto, ya sea un animal dentro de una reserva o un hombre en una empresa (collares electrónicos)“.
Delleuze y Guattari acertaban a concebir “una ciudad en la que cada uno podría salir de su apartamento, de su casa o de su barrio, gracias a su tarjeta electrónica, dividual, mediante la que podría ir levantando barreras; si bien podría haber días u horas en los que la tarjeta fuera rechazada…“. El hecho es que tres décadas después de que estas ideas se esbozasen, ya son el pan nuestro de cada día.
Para Delleuze, el componente de control permanente estaba ya a punto de impregnar todos los ámbitos sociales, desde la actividad policial o empresarial hasta la nueva medicina, “que localiza enfermos potenciales y grupos de riesgo y que en absoluto indica un progreso en la individuación, como a veces se dice, sino que sustituye el cuerpo individual por una materia “dividual” numérica que es preciso controlar“.
Pero el avance hacia la sociedad de control no es algo que tenga su punto de partida en aquellos años 90 del siglo XX en los que escribían Delleuze y Guattari, alertándonos sobre una sociedad en la que “la individualidad sería aniquilada y sustituida por “divuales” informatizados e informatizables desplazándose en un espacio virtual“. En realidad, la historia misma de la Sociedad es la historia del avance imparable del control del individuo por parte del sistema. Y, también, del mismo modo, la historia de las Revoluciones es en buena medida la historia de la rebeldía de los individuos frente al afán expansivo de los mecanismos sociales de control. Para confirmarlo, nos podemos fijar, por ejemplo, en los textos del Antiguo Testamento, que nos muestran la obsesión de los gobernantes por censar una y otra vez al pueblo elegido. Las motivaciones de aquellos censos eran variadas–desde lo militar a lo fiscal–pero el hecho es que las autoridades no paraban de contar súbditos hasta el punto de que incluso uno de los cinco libros del Pentateuco toma su titulo precisamente en relación a la obsesión de los que mandan por hacer…”números” y contar súbditos. Y no paraban de numerar pese a la comprobada antipatía que los pueblos semíticos sentían hacia esas medidas (consideraban que solo Dios, a través de sus sacerdotes, podría ordenar la labor de cuenta de los judíos y eso explica que el rey David sea terriblemente castigado por Yahvé por no haber respetado este principio). De hecho, la Torah prohibe que los judíos sean contados “directamente” y obliga a deliciosos subterfugios para poder hacerlo; por ejemplo cuando los ultra-ortodoxos judíos examinan el quorum de una asamblea, no van diciendo “uno, dos…” etc., sino “no uno, no dos…“, o bien cuentan los pies y luego dividen por dos…¿no es esto genial? Pues la clave es el rechazo tradicional judío hacia los censos.
Por lo tanto, la Historia y la Historia del pensamiento (hasta la Historia de las religiones), sugieren que el avance hacia la sociedad de control es imparable, si no es que ya estamos en ella metidos hasta el cuello.
La malhadada pandemia, combinada con la ubicuidad de los smartphones y las redes sociales, permitirá tan solo al poder dar el paso final de esa caminata milenaria.
Solo cabe confiar (más bien soñar) en que la ciudadanía despierte en algún momento y comprenda que una vez instaurado, en el ámbido de la salud pública, el control personal mediante los móviles e internet, solo será cuestión de tiempo que ese control permanente se extienda hacia otras muchas esferas como la seguridad, la medicina, los seguros, la vida laboral, la enseñanza, el deporte y cualquier otro campo en el que al sistema le interese meter las narices en la vida del individuo.
Estamos en la cuenta atrás para detener ese paso final para evitar convertirnos en…números.

Un comentario en “Números.

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