Bergoglio ha dicho que los sanitarios que luchan contra el coronavirus son «los santos de la puerta de al lado«. Es una bonita expresión, si bien de origen más bien anglosajón («the hero next door» es un lugar común de la cultura inglesa para referirse a la gente corriente que muestra inusual sacrificio y valor en circunstancias difíciles sobrevenidas).
Un agudo periodista ha protestado estas palabras del sumo pontífice. Y con razón.
Sostiene el ingenioso plumilla que no procede la comparación, porque soslaya de algún modo el atropello que se está cometiendo al forzar a un sanitario a trabajar en el infierno de los hospitales atestados, sin un mínimo de protección frente al contagio. No es por tanto propiamente un santo ese médico que arriesga así su vida (o lo es «malgré lui«) sino una víctima más, tan encomiable como queramos, pero víctima al fin y al cabo, de un colosal caos que las autoridades ni han previsto ni han sabido corregir.
Pero en cierto sentido, la frase de Bergoglio es irreprochable. Porque la sanidad y la santidad van, etimológicamente, de la mano. Por ejemplo, la misma raíz protoindoeuropea «su«, que connota la idea de bondad, también incorpora una idea de salud física. A esa raíz «su» se remontan todos nuestros incontables vocablos que comienzan por el «eu» latino, con el significado de bueno, óptimo. También de ese «su» protoindoeuropeo proviene el ugies o hygies griego, del que deriva nuestra palabra «higiene«. En eslavo eclesiástico antiguo, sudravi o sidravi significaba sano y santo al mismo tiempo (el eco del viejo término eclesiástico lo tenemos en el ruso moderno, sdrastui, que es la forma habitual de saludar, es decir, de desear salud).
En el pensamiento primitivo del ser humano, las ideas de bondad, integridad, santidad, limpieza y salud están intrínsecamente relacionadas entre sí. Los ingleses por ejemplo, usan «to heal» para la idea de sanar, y «holiness» para la de «santidad», y es obvio que ambos términos están conectados a través de la idea de integridad, completitud, como nos sugiere por ejemplo la muy actual noción importada de «holistic«, que connota una forma global de ver o comprender las cosas.
Y esta vinculación de la santidad y la salud es la que explica, por ejemplo, que casi todas las pestes de la Historia se hayan querido ver como castigo divino, y que se combatiesen con rezos multidudinarios, procesiones interminables y flagelos sangrientos de penitentes descalzos por las calles (que a menudo no hacían sino impulsar el contagio, claro está).
Así que le debemos dar a Bergoglio al menos la razón etimológica. Esos miles de sanitarios contagiados hasta el momento son, en más de un sentido, santos. Santos de la puerta de al lado, ciertamente.
Esa misma puerta en la que la cobardía de algunos vecinos a veces hace que aparezcan pasquines anónimos de miedo y rechazo hacia médicos y enferemeros. Pasquines que le hacen a uno sonrojar de vergûenza por pertenecer a la misma especie que quienes los escriben.
¡Oh Humanidad!

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s