Podíamos invadir el Universo.
Hacer malabarismo con los genes.
Crear mundos en 3D.
Multiplicar por no se cuánto la velocidad de proceso de esos chips.
Sentirnos románticos en Paris,
poderosos en Nueva York,
libres en Berlín,
eternos en Roma.
Podíamos descubrir agujeros negros.
Soñar con viajes en el tiempo.
Acelerar partículas hasta la diabólica velocidad de la luz…
¿Pero ahora qué?
Ahora nos queda admirar desde lejos la Naturaleza
que se ve muy feliz sin nosotros.
Y cada criatura, cada árbol, cada ser vivo, parece decirnos: seguid recluidos, dejadnos en paz…no nos hacéis falta, no hacéis falta a nadie.

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