Marta se queja de que las películas en cartelera estos días son meramente subproductos comerciales.

Pero, le digo, no hay que extrañarse por ello. El famoso rótulo gigante en las colinas de Hollywood no lo levantó ningún estudio sino una promotora inmobiliaria que pretendía hacer negocio allí antes de que se instalase en esos eriales la llamada fábrica de sueños.

La mercantilización es el pecado original del cine, que nació en forma de máquina de vending.

No surgió el cine como arte, sino como puro negocio.

El kinetoscopio, aquel primer vagido del cine que un colosal mercachifle como Edison patentó, no era otra cosa sino una maquinita que te permitía ver imágenes en movimiento solo si introducías las consabidas monedas…

Para los films de clase A era preciso pagar 15 céntimos por pie de metraje. Para los de clase B solo 12 céntimos.

Y de aquí viene la famosa clasificación entre películas malas y de costosa producción y películas malas y de asequible producción…

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