Mercedes, que con mucha razón está muy concienciada respecto al problema del calentamiento global del planeta, me dice que ahora se especula con paliar este asunto mediante técnicas de geoingenería basadas en esparcir acido sulfúrico por la atmósfera…

¡Lo que nos faltaba para que el panorama de estos tiempos fuese genuinamente el prolegómeno de Armageddon!

El azufre siempre se ha asociado al Adversario, al pecado, al castigo colectivo, a la penitencia…

Le recuerdo a Mercedes que en el Antiguo Testamento ya se menciona más de una docena de veces el azufre en este sentido penitencial y apocalíptico. Sin duda, entre esas referencias, la más conocida de todos es la lluvia de azufre que cae sobre los habitantes de Sodoma y Gomorra…por viciosos.

Pero en el Nuevo Testamento, concretamente en Apocalipsis, lo que hay es una verdadera obsesión del autor por el azufre. En el capítulo 9 de ese fascinante libro, se nos habla de doscientos millones de jinetes con corazas de… azufre. Esos terribles jinetes galopan sobre caballos de cuyas bocas sale un veneno que extermina a un tercio de los hombres debido a su contenido en…azufre. Y cuando suena la séptima trompeta, las bestias satánicas son sometidas al tormento del fuego y del… azufre. Y en la batalla de Armaggedon que sigue, el Diablo y sus cómplices (los no creyentes, los brujos, los idolátras, los mentirosos…)  acaban siendo sumergidos vivos en un lago de…azufre.

Me plantea Mercedes el por qué de esta obsesión bíblica con el azufre como herramienta de purificación y castigo de los pecadores (también encontramos ecos sulfurosos similares en toda la cultura universal, desde el Infierno de Dante al Mágico Prodigioso de Calderón o al Paraíso Perdido de Milton).

El azufre se relaciona con el castigo porque arde muy despacio, casi eternamente, con muy poca luz (lo cual es sospechoso) y emitiendo vapores mefíticos…Y también porque lo arrojan los volcanes, que se ven como la boca misma de los infiernos.

Pero el azufre se relaciona con la purificación porque también cura y limpia. Y esto se sabe desde tiempo inmemorial. Cuando Ulises retorna a Itaca pide que se limpie el palacio de los pestíferos restos de los acosadores de Penélope. Y pide que esto se haga con…azufre.

Además, el azufre siempre ha sido un recurso para aliviar males de la piel, que es ese órgano del cuerpo en el que, por decirlo así, el alma parece entrar en contacto con el mundo exterior…

El azufre es, en términos de química estricta, pero poética, el enemigo del oxígeno. Esto le convierte en el gran “reductor”. Y esto le otorga una misteriosa ambivalencia. Porque el oxígeno es esencial para la vida, pero también es el culpable de su corrupción. La muerte, nuestra muerte, en cierto modo no es sino nuestro camino fatal hacia la oxidación definitiva…

Y recordemos que un gran número de alimentos que adquirimos en el supermercado nos llegan con algún tipo de conservante, en la forma de derivados del azufre, precisamente para evitar esa corrupción que provoca el implacable y sumamente promiscuo oxígeno en todas las sustancias biológicas.

Brindemos con un buen vino por el ambivalente azufre, que ahora al parecer puede salvar el planeta, mediante una especie de fascinante y sulfúrico Apocalipsis inverso. Y hagámoslo sin preocuparnos de los sulfitos que llevará el vino que tomamos.

Sulfitos de los que oportunamente se nos informa, en letra muy pequeña, en la etiqueta.

Brindemos con sulfitos por el Gran Reductor, que nos quita la vida, y nos la da. Como el amor. Y como el pecado.

Un comentario en “El Gran Reductor

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