adios

Un chico, en Canarias, publica en su facebook un comentario sobre los policías municipales de su pueblo, que, a su juicio, se pasan el día “escaqueándose”. Y pocas horas después, los policías se presentan en su casa y le dan a conocer la pertinente denuncia en estricta aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana…

Es uno de los primeros casos de los muchos que van a ir reduciendo al absurdo esta norma de reciente vigencia, que está ya siendo objeto de burla o/y asombro en medio mundo (incluyendo el inefable Maduro, que se toma cumplida venganza de sus críticos en España, hablando un día sí y otro también sobre la mordaza que los redentores del sufrido pueblo venezolano han servido al sufrido pueblo español).

Pero a mí no me apetece hoy pensar en los feos abusos del poder. A este o al otro lado del océano. Prefiero centrarme en la bella esencia de las palabras.

Por ejemplo, escaqueo, ese vocablo que ha ocasionado la denuncia del internauta canario.

Se trata de una palabra misteriosa. En al menos dos sentidos.

El primer misterio es la etimología. Casi todos los autores señalan que escaqueo (que es palabra viene de los escaques o casillas del tablero de ajedrez) se deriva, en última instancia, del persa shah, rey, gobernador (la misma palabra que nos da nuestro “pachá”, nuestro jaque, y nuestro ajedrez, este último a través de shaturanga o al chadraj).

Pero yo, aun sin autoridad ninguna, pienso que no puede aparecer por generación espontánea, en el viaje desde sha hasta escaque, ese conspicuo fonema velar oclusivo sordo, k. Más bien pienso que ha debido de producirse una convergencia de, por un lado, esches, el ajedrez del occitano, y el vocablo árabe síkâk, que significa filas o enfilamiento y por extensión el plano o alzado de la medina. Síkâk es también, por supuesto, pariente próximo de nuestro zoco.

Para mí no hay duda de que los escaques del tablero de ajedrez se denominan precisamente así por el hecho que las filas y columnas en las que se distribuyen se asemejan al plano de los zocos árabes, que a su vez se inspiraban en las ciudades romanas, de planta rigurosamente ortogonal, trazadas mediante paralelas al cardo máximo (norte/sur) y al decumano (este/oeste).

El segundo misterio de “escaqueo” es su uso preferente en el ámbito militar (de hecho nuestro amigo canario lo ha aplicado a fuerzas insulares del orden, poco propensas, al parecer, al trabajo duro y metódico; no lo digo yo, lo dice él…).

¿Por qué hablamos de escaqueo sobre todo en el ámbito militar? ¿Es que los soldados son más vulnerables a la tentación de simular que están haciendo alguna tarea cualquiera, a fin de evitar que se les asigne alguna misión pesada? (esa es justamente la definición del depurado arte de escaquearse). Yo no lo creo. El escaqueo, en el sentido de escurrir el bulto para librarse de cooperar en las tareas comunes está a la orden del día en todos los ámbitos. Y muy especialmente en las empresas, según mi experiencia.

La verdadera razón por la que escaquearse se vincula al mundo militar no puede ser otra sino que la expresión “desplegarse en escaque” o “despliegue en modo escaqueado” se refiere a una maniobra específica de ocupación de terreno consistente en cubrir con efectivos una extensión, de un modo parecido a como las casillas blancas y negras cubren la superficie del tablero. Los expertos en táctica militar hablan de “frentes escaqueados”, para referirse a una determinada forma de disponer las fuerzas. Y también en el ámbito militar se utiliza el adjetivo escaqueado para referirse a un cierto diseño de fortificaciones.

Por lo tanto, siendo así que “escaqueo” es palabra técnica del ámbito militar, tiene lógica que el escaqueo, como pícara destreza para evitar el trabajo, sea, por antonomasia, el del soldado que elude los trabajos cuarteleros. Pero escaquearse, lo que se dice escaquearse, lo hace todo el mundo, con o sin uniforme.

Y espero que por decir esto, no se me presenten mañana unos policías a la puerta de mi casa, acusándome de haber incurrido en la infracción tipificada en el artículo 37-4 de la infame y tristemente famosa Ley 4/2015

Una ley aberrante, retrógrada, inoportuna y de pésima técnica jurídica. Una ley justamente conocida como Ley Mordaza, frente a la que todos nosotros tendremos la obligación de escaquearnos oportunamente.

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