El idioma ucraniano y el ruso son muy, muy similares (recordemos lo que decía Weinreich en el sentido de que un idioma es un dialecto con ejército y armada), y el bilingüismo en Ucrania es virtualmente universal. Por eso, los soldados ucranianos se aseguran de que un civil desconocido es su compatriota solo cuando este consigue decir “panecillo” (palyanitsia) en la pronunciación correcta de los ucranianos. 

Al parecer, y por extraño que parezca, un hablante solo de ruso es totalmente incapaz de pronunciar bien la última sílaba de la mencionada palabra y dice palyanitsa en lugar de palyanitsia. Un error fatal de pronunciación que le puede ocasionar la muerte instantánea…

Slava Ukraina, skashí palyanitsa!” (¡gloria a Ucrania, di panecillo!) escuchará aterrorizado el infeliz rusohablante monolingüe de labios del aguerrido miembro del ejército ucraniano. Y quizá, como ocurriría en una película de Monty Python, el pobre hombre iniciaría algún rodeo para no tener que descubrirse: “¿cómo dice usted?, se refiere a esa especie de pequeña hogaza redonda hecha de harina de trigo?…¡déjeme pensar!, el caso es que no caigo en este momento…”

Este asunto de la palyanitsia no tiene gracia, la verdad, y es otro ejemplo más de lo poco que progresa la Humanidad en las cosas realmente importantes. Creemos habernos convertido en el flamante Phono Sapiens, como críticamente nos dice Byung-Chul Han, pero en realidad seguimos siendo el homo sapiens de las cavernas, con tan poco de sapiens como en los últimos cincuenta mil años.

Porque este tema del panecillo es más viejo que el hilo negro. Tan viejo como la estupidez humana. Hay un episodio bíblico que reproduce exactamente lo mismo. Nos lo cuenta el Libro de los Jueces. Los tipos de la tribu de Gilead persiguen a muerte a los de la tribú de Efraím (o al revés, ya no me acuerdo). En realidad, tanto los de Gilead como los de Efraín hablan virtualmente el mismo idioma. Entonces ¿cómo saber quienes son de la tribu perseguida, si en realidad pertenecen al mismo grupo étnico y hablan el mismo idioma? Pues muy fácil. Cuando se pilla a un posible miembro de Efraín, hay que obligarle pronunciar la difícil palabra “shibboleth”, que significa espiga. Con eso se consigue percibir un ligero matiz en el hablante que delata su verdadero origen. Y en ese caso se procede a ejecutar sin más al interfecto. 

Así fueron pasados a cuchillo, nos cuenta el autor bíblico, más de dos mil infelices con poca competencia idiomática.

Es curiosa la coincidencia temática entre el shibboleth (espiga de trigo) de los judíos y el palyanitsia (panecillo redondo) de los ucranianos. Parece un guiño que nos está haciendo el diosecillo de las lenguas. Y no es menos curioso que shibboleth signifique en hebreo también “frontera”. Otro guiño más que nos hace pensar hasta qué punto la lengua, que debería servir para unir a los humanos, sirve también para desunirlos y, en no pocas ocasiones, exterminarlos.

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