Oigo una vez más en la radio, que el problema climático está creciendo de forma exponencial.

Sin duda, pienso. Exponencial, ciertamente. 

Pero lo malo es que el ser humano no parece muy adaptado a comprender lo que significa exponencial. Nuestro cerebro no está diseñado para entender bien esta idea.

Esa es la razón por la que nos sorprende tanto ese famoso cuentecito del tablero de ajedrez y los granos de trigo. No es fácil intuir a priori que si la cantidad de granos se va duplicando en cada escaque, empezando por 1, se llega al final a una cifra astronómica de granos que ni siquiera todos los campos de cultivo del planeta podrían producir en mil años: dos elevado a la potencia de 64 menos 1 exactamente.

El cerebro humano subestima el crecimiento exponencial de las cosas, que por cierto no es nada inusual en la Naturaleza. 

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que un parque tenemos una pareja de conejos que el 1 de Enero empieza a reproducirse, y que por ello, cada día se duplica en el recinto la población de estas criaturas con respecto a la jornada previa. Cabe preguntarse qué día estará el parque medio lleno si nos consta que el 31 de Diciembre todo el parque se ha llenado de conejitos, sin que quede un centímetro cuadrado libre.

La respuesta muy tonta, que se puede dar sin pensar, es el 1 de Julio. Obviamente es incorrecta (y ya revela la tendencia a pensar aritméticamente, no geométricamente).  Pensando un instante llegamos a la conclusión de que la mitad del parque estará cubierta el 30 de Diciembre y que bastará una jornada más para que se duplique la población y el parque se llene.

Ahora bien, el asunto de los conejitos y el parque suscita una cuestión mucho más interesante: si el dueño del parque fuese una persona un tanto descuidada y no muy ducha en matemáticas ¿en qué día empezaría a preocuparse por el incremento “exponencial” de población conejil?

Pensemos que el 29 de Diciembre solo hay un cuarto del parque ocupado. Y el 28 solo el 12%. Y el 27 apenas el 6%. Y en el día de Navidad ni siquiera un 2%.

Por lo tanto, es “humano”, pensar que hasta llegar el mes de Diciembre el guardián del recinto quizá no será consciente del enorme problema que se le avecina. 

Sí. Nos cuesta mucho a los humanos entender las implicaciones de la función exponencial, como ya entrevió Malthus hace más de dos siglos.

Y lo peor en relación a los peligros que acechan a nuestra especie por no entender esas implicaciones, nos comportamos a menudo con tan poca cabeza como simples conejitos reproduciéndose sin descanso en el más dichoso de los mundos.

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