Marta me pregunta por el logo de Apple. Quiere saber por qué eligieron una manzana como estandarte de la compañía.

La pregunta ya se la hicieron en su día al fundador, con ocasión de una de sus conferencias. Jobs dio una respuesta un tanto frustrante. Se limitó a decir que la manzana mordida era un símbolo de la simplicidad. Eso era todo.

En realidad, antes de la manzana mordida, el primer logo de Apple sí mostraba a Newton bajo un manzano haciendo referencia al fruto que se supone inspiró la Ley de la Gravedad al científico británico. Pronto Apple cambió ese logo. Tal vez porque, además de su insufrible diseño vintage alguien les dijo que esa manzana inspiradora era una patraña. Newton, por supuesto, no necesitó ver ninguna manzana caer para entender que la Tierra atraía a los cuerpos. Lo que él intuyo, sin mediar manzana ni otro fruto, es que todos los cuerpos del Universo, sean cual sean sus tamaños, se atraen unos a otros de acuerdo a sus masas, y conforme a la ley del cuadrado de las distancias. 

No le iluminó a Newton la manzana cayendo sobre la Tierra. Si acaso, imaginó Newton esa manzana en el aire y comprendió que también la Tierra estaba cayendo sobre la manzana.

En fin, que Newton y su apócrifa manzana sí que están detrás del logo de Apple, dijese lo que dijese Jobs. No así la manzana de Turing, que también se ha mencionado como origen del diseño de la multinacional informática. 

–¿La manzana de Turing?

–Sí. Seguro que recuerdas que el fundador de la informática se suicidó mordiendo una manzana.

–Es verdad. No podía resistir el infierno en el que se había convertido su vida cuando se desveló su homosexualidad, que era delito en Inglaterra en aquellos tiempos.

–Exacto. Le aplicaron una humillante castración química, como alternativa a la cárcel. Eso le destruyó.

–Ya. Es curioso esa forma de suicidio: morder una manzana envenenada. Qué curioso.

–Tiene una explicación. Una explicación que sobrecoge.

–¿Cuál?

–Turing tenía una relación muy profunda con su madre. Le horrorizaba que ella, irlandesa y católica, recibiese la noticia de su suicidio, un crimen terrible para la Iglesia, que impedía el entierro en sagrado (un mero recurso eclesial para garantizar el mayor número posible de legados mortis causa). Se le ocurrió a Turing fingir un envenenamiento. Así que una noche, usando una jeringuilla, inyectó veneno en una manzana y ya en la cama la mordió para acabar con su vida, fabricando así la idea de un atentado de un espía ruso o algo así.

–Terrible. 

–Sí. Turing fue brillante hasta en esto, porque en efecto, una manzana envenenada es un buen expediente para asesinar a alguien. Desde fuera es imposible saber que el fruto contiene veneno, y una vez que la muerdes estás acabado. 

–Claro. Entonces es por eso que el cuento de la Bella Durmiente también incluye un envenamiento con una manzana. Pero, un momento, las jeringuillas y las agujas hipodérmicas son una cosa moderna ¿no?

–La jeringuilla hipodérmica es algo del siglo XIX, cuando la metalurgia hizo posible la creación de tubos metálicos huecos muy finos. Pero los tubos de caña o tallos vegetales para inyectar medicinas (o sangrar) son muy antiguos. Ya en tiempos de la antigüedad grecorromana se utilizaban. La palabra jeringa es de origen griego y su etimología es flauta, por cierto (syringa). 

–Pues seguramente habrá otros casos en la historia de envenenamiento con manzanas, además del de Turing…

–No se. Tal vez. Pero aunque la idea de envenenar con una manzana sea buena, no supera a las ventajas del arsénico, el líder absoluto en el ranking de métodos de envenenamiento. Es incoloro, insípido y si es preciso puede matar progresivamente. Añadiendo pequeñas dosis cada día.

–Bueno, pero lo que sí tenemos la manzana del paraíso bíblico, esa también estaba, de alguna manera, envenenada.

–En cierto modo, sí. Pero no era una manzana. En la versión hebrea o griega de la Biblia solo se habla de un cierto “fruto” prohibido, no se específica que sea una manzana. Se menciona “un fruto de la tierra”, en genérico (פֶּ֫רִי, en hebreo, pri, que puede tratarse incluso del trigo o de la vid, como interpretan los musulmanes). Ese prí como “producto de la tierra” tiene el mismo sentido genérico que el frux latino, lo que sugiere una conexión remota, a través del griego fryktos, desecado, con la palabra hebrea. Es San Jerónimo, en su traducción al latín quien provoca el equívoco, porque manzana en latín es “mala“, y sugiere la idea de maldad, así que la prohibición divina de no comer “de ligno autem scientiae boni et mali“, parece incluir la idea de las malvadas manzanas (“mali”).

–Pues si no es una manzana ¿qué fruto podría ser?

–Una granada, casi con total seguridad. Pero explicar este asunto es algo de lo que podríamos hablar largo y tendido otro día.

–Sí. Casi mejor. Otro día.

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