Es extraño (e incorrecto) que se llame «madre coraje» a esas madres que resisten con esperanza ante el terrible drama de un secuestro de sus hijos. Dramas como el que hemos vivido estos días a través de los medios y que está teniendo el más espantoso y más temido de los desenlaces. Produce náuseas escuchar las noticias.

La expresión «madre coraje» proviene de una obra de teatro de Bertolt Brecht. Su protagonista, que es a quien Brecht lllama sarcásticamente «madre coraje», no es precisamente un ejemplo moral. Es más bien un personaje de repugnante codicia que aprovecha el estado de guerra para lucrarse. Vive o malvive la muy pícara, arrastrando su carro de buhonero, gracias a la tragedia bélica. Una tragedia que acabará por llevarse a sus tres hijas. Pero, muertas sus hijas, ella, la «mutter courage», seguirá tirando del carro.

No es madre coraje, en el sentido brechtiano, esa infortunada mujer cuyos hijos parecen haber sido asesinados y arrojados al mar por el despechado  e inimaginablemente infame ex cónyuge, en otra especie de horrenda versión masculina del viejo mito de Medea. 

Madre coraje es más bien una sociedad en la que la injusticia social y los dramas humanos se aceptan a cambio de preservar el sagrado principio del beneficio y del lucro. Madre coraje es una sociedad que está ciega o se desentiende respecto al crónico malestar mental de los ciudadanos, y que consiente pasiva su infortunio, su vacío, su locura o su violencia.

Madre coraje, mütter courage, en el peor y más estricto sentido de la expresión…somos nosotros.

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