Orwell atisba que el estado totalitario se ha de servir de una neolingua para apuntalar su tiranía sobre las mentes de los súbditos. Los ejemplos de ese lenguaje orwelliano son bien conocidos: “la guerra es la paz”, “la libertad es esclavitud”, “la ignorancia es fuerza”…
–¿Es demasiado fantasioso pensar que se pueda implantar entre nosotros este tipo de antinomias? ¿Llegaremos algún día a estas aberraciones del lenguaje?
–Pues yo diría que sí. Basta navegar un poco por internet y encontrarse con toda esa infinidad de avisos vinculados a la regulación de protección de datos que nos dicen con alarde tipográfico: “Nosotros valoramos su privacidad”, “Su privacidad nos importa”, etc…
A poco que reflexionemos, nos damos cuenta de que esos avisos significan exactamente lo contrario de lo que parece, o sea, se pueden traducir como: “Nos importa un pimiento su privacidad”, “Valoramos ávidamente (o sea convertimos en valor para nuestras cuentas) su pérdida total de privacidad”, etc…
–¿Es esto un aviso de que estamos llegando ya a los niveles de la neolingua orwelliana?
–Cuestión de tiempo.

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