Marta tiene, por razones personales, una relación con la cultura japonesa. A veces me habla de aspectos de la cultura nipona que yo desconozco, pues apenas he pasado un par de semanas recorriendo Japón. Y ¡ay, qué corto se me hizo aquel periplo!

Ayer, Marta me hablaba del concepto de “aceptación”, que al parecer es axial en la cultura japonesa. Me dice que los japoneses tienen muchas palabras distintas para expresar los diferentes sentidos de la aceptación.

Por ejemplo, “ukeireru” es la aceptación de una madre respecto a la conducta de su hijo.

O “uketumeru” que es una variante de “ukeireru”, para definir la aceptación de una explosión emocional o incluso violenta del hijo.

Ukenagasu” es un término para expresar la idea de dejar hacer, dejar pasar…

Kikinegasu” es lo mismo que “ukenagasu”, pero añadiendo un toque de sana hipocresía, como haciendo que prestamos gran atención a aquello que en realidad dejamos hacer y pasar.

Juyo-Suro” es también aceptación; pero se refiere a la sumisión frente a la aculturación derivada de la occidentalización del Japón.

Marta me dice que tal vez esa cultura de la aceptación es la responsable de la felicidad de los japoneses.

–Tengo mis dudas–le replico–hasta donde yo sé, el actual Japón no es precisamente el paraíso de la dicha. La mayoría de los indicadores (suicidios, divorcios…) alejan a los japoneses en la cabeza mundial de la felicidad. 

–Pero aceptar lo que nos viene seguro que es clave para no enloquecer…

Non dubito quin, pero hay un tiempo para aceptar y un tiempo para rebelarse. La clave es cuándo hacer una cosa u otra. Tal vez el secreto es ser sumisos para aceptar el mundo y nuestra situación tal como es, pero al mismo tiempo ser rebeldes para intentar cambiarlo.

Y dicho esto, que suena muy bien, pero es dificilísimo de aplicar, le enseño a Marta, una foto que copié de la edición de The Guardian de hace unos días y que guardo en el iphone. Es la que aparece más arriba. 

Marta ve la foto sin decir una palabra. No dice nada y reconoce el escenario y la situación. Ese cabello sin velo…Esa mujer sobre el techo del coche… Es una foto que debería ganar el premio Pulitzer.

Creo que Marta está a punto de llorar de emoción mirando la imagen en absoluto silencio. A mí me dan ganas. No volvemos a hablar de la aceptación.

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