Un amigo me manda un mensaje aludiendo al celebérrimo Gato de Schrodinger. 

Le respondo que es muy curioso lo que pasa con este topos de la cultura popular moderna.

Porque lo cierto es que Schrodinger concibió ese experimento mental tan solo para mostrarle a Einstein (con quien se estaba carteando) lo absurdo de la llamada interpretación de Copenhague de la Teoría Cuántica (la establecida por Bohr y Eisenberg entre otros…) que convierte al observador en el verdadero responsable del colapso de la función de onda (¡el observador, sí, y ya se trate de un observador humano listo, un humano tonto o incluso de una zarigüeya, que es criatura muy observadora…!)

Sorprendentemente, con el tiempo, la gente ha llegado a pensar que esta jocosa barbaridad sobre el gato que está vivo y muerto a la vez es algo real y no una simple reducción al absurdo. Y encima se señala a Schrodinger como avalista del disparate. ¡A Schrodinger, que precisamente fue quien imaginó la jocosa reducción al absurdo! 

Lo cual demuestra no que un gato puede estar muerto y vivo a la vez, lo que es obviamente imposible, sino que alguien puede pensar una cosa y el resto de la gente atribuirle exactamente la contraria. Y no pasa nada.

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