–Según ciertas estadísticas, siete de cada diez personas manifiestan odiar intensamente a los bancos. Y los ven como sus enemigos. Esto se ha acentuado con los nuevos despidos por miles que avecinan. Y que coinciden con los escandalosos aumentos de megasueldos de los capitostes bancarios que propician esos despidos.

–Se puede comprender el rechazo, desde luego. Pero ese odio africano no es cristiano. El evangelio nos enseña que hemos de amar a nuestros enemigos.

–Sin duda. Amemos a nuestros enemigos. Así se dice. Pero olvidas un pequeño detalle.

–¿Cual?

–El contexto. Esa bella idea evangélica sobre el necesario amor a los enemigos se enuncia justamente en el contexto de una proscripción clara de la actividad bancaria.

–No puede ser.

–¿Que no? Te transcribo literalmente lo que escribió el evangelista Lucas:

» y si prestas a aquellos de los que esperas recibir ¿cuál es tu mérito? Son los pecadores los que conceden préstamos para obtener otro tanto. Amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad, sin obtener nada a cambio”.

–Pues sí.

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