Casi a diario me llega la noticia de un adolescente o un niño que consigue el título de Gran Maestro de ajedrez, estableciendo un nuevo récord de precocidad.

Pero también debería ser noticia celebrada lo opuesto, es decir, la plusmarca de la mayor edad alcanzada por un GM. 

Esto exactamente es lo que ocurrió el pasado mes de Febrero, cuando Yuri Avervaj cumplió cien años.

Por desgracia, el sábado pasado falleció este GM ruso, gran divulgador de la teoría y magnífico publicista del ajedrez. Era un gran experto en finales pero no ha podido resolver este último final que se nos plantea a todos y que no hay manera de ganar.

En honor de este extraordinario finado, me permito reproducir el famoso «Estudio Saavedra», del que precisamente yo tuve primera noticia gracias al delicioso libro de Avervaj «Lecturas de Ajedrez» (colección Escaques, Martínez Roca).

La historia detrás de este estudio, que lleva el nombre de un sacerdote y destacado ajedrecista sevillano de densa biografía (que incluye el puesto de capellán en la cárcel de Glasgow y un viaje a Australia como misionero, en el siglo XIX), es apasionante, pero llevaría tiempo resumirla. Baste que nos centremos en el diagrama.

El asunto es que en esta posición, que se dió en una partida real, el blanco, al que le corresponde mover, puede ganar, pese al obstinado esfuerzo de la torre negra por marear al rey blanco y conseguir en última instancia un ahogado, tan pronto el peón corona dama. Frente a esta tenaz defensa, el abate descubrió la elegante maniobra ganadora que lleva su nombre, y que se ha incorporado por derecho propio al acervo universal de cultura ajedrecística, garantizando la victoria blanca en 12 jugadas.

Pero me he permitido consultar la posición en mi programa de ajedrez y he comprobado que el negro puede dilatar su agonía hasta las 34 jugadas (!), si, dejando coronar dama, realiza un movimiento que parece que se le pasó por alto a Saavedra y a los muchos expertos que comentaron el estudio. Incluido Avervaj, por supuesto.

En fin, ante este hallazgo y ante la noticia del tránsito a mejor vida del Gran Maestro ruso, siento la tópica tentación de decir que, en efecto, no somos nada, especialmente frente a los monstruos de silicio…

Pero quiero pensar que en el caso de los grandes ajedrecistas como Yuri Avervaj queda para siempre la profunda belleza de sus partidas y sus análisis. 

Una belleza que ninguna endiablada máquina podrá apreciar jamás. 

Supongo.

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