En una plataforma de televisión en streaming, está teniendo éxito un concurso televisivo un tanto especial. En esencia, es parecido a Quien Quiere Ser Millonario. Es decir, se plantean preguntas con posibles respuestas que los concursantes de un grupo tienen que ser rápidos en acertar.

Pero el matiz es importante. Aquí no solo se pasa de nivel acertando. Antes de saber si su respuesta es correcta, el concursante que la ofreció tendrá la oportunidad de justificar su decisión ante los otros participantes. Si consigue convencer, imaginativamente, a alguno de ellos, también pasa de nivel.

Es decir, en última instancia, puede ganar este concurso cultural un auténtico cafre, siempre que tenga la capacidad para tomar el pelo al prójimo.

Este concurso representa la normalización en el mundo del ocio televisivo de lo que ya es más que normal en la sociedad como un todo: estamos ante la esencia misma de lo que los anglosajones llaman “bullshit”.

Yo no se muy bien cómo traducir bullshit. Es un concepto que sintetiza dos nociones a las que en castellano nos referimos respectivamente como “parlotear sin sentido” y “tomar el pelo”. Yo lo traduciría como “vender humo”, que es una expresión de gran abolengo. La encontramos en Marcial, Apuleyo, Plauto o Erasmo, aunque más bien con el significado de traficar fraudulentamente con pretendidas influencias en poderosos («vendere nec vanus circa Palatia fumos» escribe Marcial en uno de sus epigramas, en el que fustiga a Fabiano por traficar con influencias. Y consta que un tal Trinus o Turino “vendía” a los incautos su presunta amistad con el Emperador, pero en cuanto este se enteró, hizo ejecutar al vendehumos asfixiándole…con humo; fumut pereat qui fumus vendit, perezca en humo quien humo vende, es el dicho que se acuñó desde entonces).

Sea como sea, el bullshit o el bullshitting (pues en el flexible idioma inglés existe el sustantivo y el verbo), parece ser algo que forma parte de la atmósfera que respiramos, junto con el oxígeno y el nitrógeno.

En todas partes (y como se ve, ahora también en los concursos televisivos), lo único que importa es la narración, el relato. 

Los hechos no son relevantes en ningún ámbito. La verdad tampoco.

Cuenta solo el cuento.

Los políticos viven de cambiar humo por votos y sus palabras no son más que infumables volutas de charlatanería vacía. 

Los fundadores de las flamantes start ups consiguen millones vendiendo con suma habilidad su humo tecnológico. 

La burocracia administrativa es venta de humo protocolizada. 

La publicidad es creatividad aplicada para convertir el humo en ventas (¡qué bonita la historia que cuenta Rabelais sobre el vendedor del humo del horno de pan al que el comprador paga con el sonido de una moneda!). 

Los hombres de ciencia se especializan en sofisticada venta de humo a fin de publicar una y otra vez sus “papers” y progresar en el escalafón científico. 

Las criptomonedas apenas son apenas algo más que humo, por más que se coticen a más precio que el oro. Quizá también es humo el dinero mismo. O va camino de serlo.

¿Y en el arte?…¡ah! en el arte contemporáneo, en el que ahora han irrumpido esos inconcebibles NFT, apenas ya parece haber otra cosa que venta de humo o incluso venta de nada, como esas asombrosas “esculturas invisibles” de Salvatore Garau, que se venden por decenas de miles de euros, siendo incluso menos que aire o polvo, esto es, no siendo nada.

Pero, no nos engañemos, la venta de humo no es cosa de nuestro tiempo.

Recordemos lo que nos advierte el Qohelet, esto es, que todo viene a ser μάταιος, todo es cosa vacía, cosa inútil y sin sentido…

Ese mataios de la Septuaginta se traduce en La Vulgata indebidamente como vanidad: «Vanitas, vanitatum, et omnia vanitas«, es lo que San Jerónimo pone en boca del Asambleista. Bueno, en realidad, lo que es erróneo o al menos equívoco, es la traducción al castellano del latín “vanitas” como “vanidad”.

Pero sería más exacto traducirlo como venta de humo.

Todo es venta de humo, todo es tomadura de pelo, todo es imperio del relato y hegemonía de los cuentistas.

Bullshit of bullshits, en suma.

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