Salta Satán a las portadas de los periódicos.

Es justo lo que faltaba para impulsar hasta el paroxismo el miedo colectivo, alimentado ahora desde tantos frentes mediáticos. El miedo vende diarios y amasa audiencias.

Este Satán II es, según las noticias, el nuevo misil hipermoderno e hipersónico creado por la tecnología aerospacial de los rusos, que ahora ya está en pruebas. Es, dicen, invulnerable e infinitamente destructor.

En realidad, ese nombrecito se lo han dado los de la Nato, que ya llamaron Satán a su antecesor, y cuyo verdadero nombre era Boivoda. Los boivoda eran los líderes militares de las tierras eslavas en el medievo; boi=guerra, ejército, y vod=jefe, líder. La palabra es interesante, porque evoca el vocablo ruso para «libertad», «esbovoda» (свобода), que etimológicamente significa yo me mando a mí mismo. Tal vez nos resuene esa fascinante palabra y esa misma idea etimológica en el famoso lema de Kropotkin, «dónde hay Estado no hay libertad» («Пока́ есть госуда́рство, нет свобо́ды«)

Un misil que se llame boivoda no asusta mucho. Que se llame Satán, sí.

A este nuevo misil sucesor de los boivodas, los rusos le han llamado sarmat, que es el nombre de un viento que sopla en las costas del mar de Azov y que está, obviamente, relacionado con los sármatas, las tribus que ocupaban, siglos antes del comienzo de nuestra era común, los territorios al este del Don, y de cuya caballería constituida por aguerridas mujeres (precedente de las amazonas, a-mazzo, sin-pechos, para lanzar mejor las flechas) encontramos ecos en las páginas de Herodoto y Diodoro de Sicilia. 

Así que nada de Satán. Más bien sarmat. Pero ya verás, amigo lector, como todos los medios se van a referir a este ingenio con ese espeluznante nombre del Maligno…Sarmat no asusta tanto.

Las palabras hacen daño. Casi tanto como los misiles. Y a base de palabras manipuladas, de mentiras y de medias verdades (que son mucho peores que las mentiras), parece que vamos camino hacia un enfrentamiento global entre bloques, cumpliéndose así la agorera profecía de Tucidides que indicaba que dos grandes potencias acaban siempre enfrentándose, tal como lo hicieron Esparta y Atenas, pues en el punto y hora en que una de ellas ve amenazada su superioridad y otea el camino de su decadencia, las bases para el conflicto quedan ya planteadas. 

A esto lo llaman los gurús de la geoestrategia “La Trampa de Tucidides”, y da la impresión de que no iba desencaminado el que está considerado padre de la escuela del realismo político. 

Reviso lo que acabo de escribir y me asombro de que una reflexión a partir de los periódicos del día, me haya llevado a mencionar a Satán, a los sármatas, a Heródoto, a a Diodoro de Sicilia, a los boivodas y  a la guerra entre espartanos y atenienses…

Se diría que estamos en las mismas que hace mas de dos mil años.

Los fantasmas y las brujas de la Noche de Walpurgis siguen ahí. No hemos esclarecido.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s