Mercedes, desde Berlín, me pregunta por la postura de los medios de comunicación de aquí sobre el terrible conflicto que estamos viviendo en Europa. Le digo que, en realidad, cada vez estoy más ajeno a esos medios. Oigo poco la radio. No leo casi periódicos. Y ver la televisión me produce dispepsia. Más que medios de comunicación, creo que se han convertido en miedos de comunicación, por el extraordinario énfasis que ponen en aterrorizar sistemáticamente al personal, ya se trate de la pandemia, del volcán, del clima o de la guerra. Es insufrible ese monolitismo machacón, unilateral y superficial. Todos dicen lo mismo, y todo el tiempo. Es un sensacionalismo vomitivo. No hay forma de encontrar un análisis inteligente y racional, que explique de verdad y sin fanatismos las claves de lo que está ocurriendo o puede ocurrir. Así que, le repito, en lugar de leer periódicos o escuchar la radio, ahora me centro en resolver problemas de ajedrez. De eso sí puedo hablar y con conocimiento de causa. 

–¿Problemas de ajedrez?

Sí. Considero que solucionar problemas de ajedrez, o componerlos, es, parafraseando Nabokov, una de las dos mayores fuentes de placer a las que se puede acceder con la ropa puesta… (la otra, para Nabokov, era la caza de mariposas; y eso es algo en lo que yo me permito discrepar del genial escritor).

–Ya. ¿y no lees algún libro?

–Cada vez menos, la verdad. Y no se bien por qué. A veces miro los miles de libros pendientes de leer en mi biblioteca y me entristece mucho darme cuenta de lo mucho que me estoy perdiendo. Quizá para siempre. El caso es que hay tantas opciones maravillosas en mi librería que me bloqueo. No se qué libro tomar. Y entonces me pongo al tablero. A este bloqueo lo llaman los psicólogos FOBO, es decir, Fear of Better Options, y se aplica a muchos ámbitos.

–¿Cómo cuáles?

–Por ejemplo, el efecto FOBO explica que a pesar de las muchas aplicaciones de citas y sus complejos algoritmos de “matching”, las estadísticas indican que hoy en día resulta más difícil encontrar pareja que hace 30 años. Demasiadas opciones se convierten en ninguna opción. Y esto es un poco lo que me pasa a mí con los libros.

–¿De verdad no estás leyendo nada? ¿Ni periódicos, ni revistas, ni libros? No me lo creo.

–Bueno, a veces doy con algo que sí me invita a leer. Por ejemplo, en estos momentos estoy disfrutando mucho con una obra de Stephanie Cacioppo, una eminente neurocientífica. Su último libro describe sus últimos descubrimientos sobre el amor. Eso que te acabo de comentar sobre las aplicaciones de citas y el efecto FOBO lo he leído precisamente en sus páginas.

–¿Pero de verdad que hay algo que descubrir sobre el amor a estas alturas?

–Ya lo creo. La autora ha demostrado, en laboratorio, que el amor nos hace mejores, más inteligentes, más creativos. No solo más felices.

–Pero eso ya lo sabíamos. 

–Mas bien lo intuíamos. Pero la doctora Cacioppo lo acaba de demostrar científicamente. Y eso es muy consolador. Somos mejores cuando amamos. Eso se muestra ya sin lugar a dudas analizando la actividad cerebral. Es una refutación científica de la estupidez que decía Ortega, que consideraba al enamoramiento una especie de imbecilidad transitoria, una angustia de la conciencia…

–Ja, ja. Bueno, pues por las mismas, habrá que pensar que el odio nos hace peores. El odio si que es una especie de imbecilidad transitoria ¿no?

–Seguramente. Aunque yo creo que lo contrario del amor es la soledad, más que el odio. La soledad nos hace peores. Eso también lo ha demostrado Cacioppo.

–Pues pásame el libro cuando lo termines. Suena muy interesante.

–Ya casi lo he terminado. Así que muy pronto te lo paso y vuelvo a mis problemas de ajedrez, como el que aquí reproduzco. 

-Mate en 3…Juega el blanco y da mate en tres…Parece facilito.

–En absoluto. Yo me he rendido después de un cuarto de hora desesperándome. Es una composición magistral del incomparable Sam Loyd, el gran especialista en jugar con nuestros vicios cognitivos. Un canalla. Por cierto ¿sabes qué?

–¿Qué?

–Que en cierto modo, este problema de Loyd también evoca el amor.

–¿Ah sí?

–Bueno, en cierto modo. La resolución de este mate en 3 se corresponde con una pauta que los creadores de problemas de ajedrez llaman “dama enamorada”. Y es porque la clave en estos casos es el apasionado esfuerzo de la dama blanca por estar unida físicamente a otra pieza negra. Una maravilla.

–Vaya, veo que nos encontramos con el amor por todas partes, hasta en el tablero. Debe ser la primavera.

–Debe ser.

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