Al parecer, en estos oscuros días, en Rusia no se puede pronunciar la palabra guerra. Al menos no en relación con la cruel guerra desencadenada contra el país vecino. 

Prohibir las palabras es la prueba ácida del totalitarismo. Cualquier otro atentado contra la libertad puede ser mas o menos discutible, pero quien pretende controlar el lenguaje ya no deja lugar a dudas.

Así que boiná, guerra, se ha convertido en palabra controlada, en palabra tabú. 

Y el grito de esos manifestantes que se atreven a jugarse quince años de cárcel en Rusia es precisamente ¡niet boinie!, ¡no a la guerra!

El ruso boiná (o biinie en ucraniano) es una palabra interesante. Su etimología es confusa.  Hay más de diez hipótesis diferentes en los diccionarios rusos, a cuál más dudosa. Pero yo me inclino por pensar que en última instancia, boiná tiene relación con la interjección rusa “¡boi!, que significa aullido, grito animal. Esto nos evoca nuestro adjetivo “feroz”, es decir, propio de las fieras; un término que están utilizando apropiadamente los periodistas cuando hablan de los actuales combates en Jarkov o las afueras de Kiev.

Pero en la mayoría de los idiomas europeos no encontramos nada relacionado con este muy exclusivo boiná ruso y sus parientes eslavos. Es como si el lenguaje también hubiese levantado un telón de acero lingüístico. 

A este lado del telón usamos términos relacionados con el protogermánico “werza”, que es el ancestro del inglés war, de nuestra guerra, del italiano guerra o del francés guerre (curiosamente, en las lenguas romances se optó por recurrir a términos de origen germánico y renunciar al bellum latino, debido a su inapropiada similitud con bellus, bello, como ya lo entrevió San Isidoro, y como lo reafirma Corominas catorce siglos después). 

Y no hay en estas palabras germánicas o romances ningún rastro de la idea eslava de “aullido”. Más bien la connotación aquí es de “perplejidad”, “desconfianza” o “confusión”, pues werza puede remitirse al protoindoeuropeo “wers”, con la idea de mezclar caóticamente, de confundir (de aquí las palabras inglesas worse o wrong; o el verbo alemán verwirren que significa crear confusión, o el latín vulgar versura, mezcla de desperdicios, de donde viene nuestra basura; curioso este parentesco etimológico entre lo bélico y la suciedad ).

En fin, ciertamente, yo veo pleno sentido en ambos enfoques etimológicos. 

La guerra es, en lo material, un aullido colectivo terrible, como quieren verlo las lenguas eslavas.

Y la guerra es también, en lo no material, como quieren verlo otras familias linguísticas, una apoteosis de la mentira, una generalizada confusión, un puro retorcimiento de la verdad (por cierto que el griego polemos, guerra, puede tener relación con el verbo poleo, retorcer).

Por eso empecé este textito diciendo “al parecer”. 

Y no se siquiera si hice bien. 

Porque en la guerra, cuya primera víctima se dice con razón que es la verdad, nada es lo que parece.

En la guerra, casi todas las palabras pierden su significado, silenciadas por los aullidos de dolor.

Un comentario en “Las Palabras y los Aullidos

  1. En el alemán moderno no se usa un derivado de «werza» sino del medieval «kriec» , que significa lucha, competición, esfuerzo (me dice el diccionario Duden), como si el origen de la guerra fuera comparable con una pelea en el patio de un colegio: a ver quién es más bruto.

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