He sabido que hace unos días se ha pronunciado la palabra putiferio en sede parlamentaria, y se ha armado una buena. Creo que ha tenido que intervenir hasta la Presidenta de la Asamblea para poner freno al desenfreno verbal.

Me parece que la razón es que se ha interpretado el vocablo putiferio como una comparación entre el actual panorama de la política y el mal llamado oficio más antiguo del mundo.

Bueno, pues, en principio, no debería ser así. 

Putiferio no es palabra castellana, sino que la hemos tomado de la bella lingua. 

Es putiferio un término cuyo uso por estos pagos se ha extendido mucho, especialmente en Barcelona, donde residen regularmente decenas de miles de italianos.

Putiferio en italiano significa simplemente una discusión subida de tono, en la que se utilizan palabras gruesas o indecentes. Nada que ver con la prostitución, pese a la sonoridad sospechosa del término.

O tal vez sí. Porque la raíz etimológica del putiferio itálico es el latín putire, con el significado de producir mal olor o apestar. Y mira por donde, sucede que en la la palabra “puta”, se produce una convergencia de dos líneas etimológicas.

De un lado, nuestra puta se relaciona con la “puta” del bajo latín, en el sentido de muchacha (en Roma, putae-muchachas- era el eufemismo para referirse a las peregrinae, a las circulatrices, a las ambulatrices, las scorta o a cualquier otra variedad de profesionales del amor que operaban en el Imperio), 

Por otro lado, puta se relaciona también con ese mencionada etimología del mal olor, que a su vez nos remite a la fascinante raíz protoindoeuropea “pu”, sin duda vinculada con el característico gesto facial  que adoptamos cuando percibimos algo fétido, y que ha generado muchos derivados conceptualmente vinculados a la idea de lo apestoso, tales como pudrir, pus o piorrea.

Por lo tanto, quiero pensar que los que se han escandalizado estos días por el uso de “putiferio” en la tribuna de oradores, lo han hecho con razón y desde un profundo conocimiento lingüístico, sabedores de que se está imputando no solo pestilencia y griterío a la actual vida política, sino también indecente venalidad.

Todo lo cual, se puede considerar preciso. Y no solo desde el punto de vista lingüístico.

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