Mientras subimos hacia el castillo de Mataespesa, no se por qué, tal vez en relación con la tecnología gps que nos guiaba, le menciono a Diego, la teoría de la Relatividad. Me atrevo a decirle que, para empezar, el nombre es equívoco. Debería llamarse Teoría de la Absolutez.

–¿Por qué?

–Porque el viaje intelectual de Einstein tuvo como punto de partida la búsqueda de una determinación absoluta de los eventos, constatando que desde el punto de vista de la física newtoniana no era posible definir unívocamente y para varios observadores un punto en el espacio o un instante en el tiempo. 

–¿Ah no?

–Yo tengo mi tiempo. Tú tienes el tuyo. Y nuestros tiempos se modifican con nuestras velocidades relativas. Nuestros relojes funcionan de distinta manera. Ya hablamos de esto el otro día. Y es fácil demostrarlo. Por otro lado, yo no puedo decirte exactamente dónde estoy a no ser que definamos un cierto marco de referencia, que será completamente relativo o convencional. No hay tal cosa como un marco de referencia único y común a todos los observadores del Universo.

–¿Entonces?

–Pues Einstein llegó a la conclusión de que, ante este relativismo, deberíamos ampliar nuestra noción de la realidad añadiendo una cuarta dimensión, incorporando el tiempo a las tres que ya intuimos. Es decir, Einstein nos sugiere que no pensemos en cosas o eventos en el tiempo o en el espacio, sino en cosas o eventos en el espacio-tiempo. Y para parametrizar este concepto del espacio-tiempo que nos cuesta tanto intuir, Einstein recurrió a la geometría hiperbólica de Minkowski, que comprobó que se adaptaba maravillosamente a la nueva noción y que permitía determinar relaciones absolutas entre eventos y cosas en el nuevo y bizarro espacio-tiempo. Es fascinante que modelos matemáticos abstractos, nacidos de la pura creatividad de un pensador, acaben con el tiempo ajustándose a un hallazgo científico.

–No entiendo mucho lo que dices, la verdad. En particular, me parece rarísimo eso de una cuarta dimensión. Yo solo veo tres. Y creo que nadie puede entender eso del espacio-tiempo. No comprendo por qué hay que liarse tanto.

–Veamos. Piensa en un trenecito que circula en el salón de tu casa por un circuito un tanto laberíntico. ¿Te lo puedes imaginar?

–Sí. Claro.

–Vale. Pues ahora imagina que ese trenecito tiene mente y piensa. Para ese trenecito, el mundo solo es lineal, como los railes por los que se mueve. ¿Correcto?

–Sí.

–Entonces supongamos que alguien le dice al trenecito que, de acuerdo con pruebas empíricas, se puede pasar de un punto de las vías a otro que está cercano, en línea horizontal, “cruzando” y sin necesidad de hacer todo el largo recorrido habitual por los railes. Seguramente esto le extrañaría mucho, pero, si su mente de trenecito fuera brillante, podría asumir que, en efecto, su mundo–el mundo– podría no estar solo definido por los raíles, sino que podría haber algo entre medias. Es decir, el trenecito habría pasado de una concepción lineal de su realidad a un concepción bidimensional. A nosotros, que somos seres con visión tridimensional, este salto intelectual nos parece trivial, pero para el trenecito sería realmente un paso de gigante. 

Del mismo modo, si hubiese alienígenas con percepción del mundo en cuatro dimensiones, se extrañarían mucho de que nos costase tanto a nosotros salir de nuestra realidad tridimensional.

–Creo que lo voy pillando. Así que deberíamos concebir el mundo que nos rodea en forma cuatridimensional. Está bien. Si lo dice Einstein, pues vale…A mí me cuesta trabajo, pero capto la idea. Yo soy un trenecito tridimensional y si alguien demuestra que hay más dimensiones pues me lo creo. Al menos una más. Lo que no entiendo es para qué narices sirve todo esto.

–La gran ventaja de considerar el espacio-tiempo de cuatro dimensiones como ámbito de la realidad, es que nos permite hacer cálculos precisos sobre lo que pasa en el Universo, sin las enigmáticas distorsiones que apreciaríamos si nos atuviésemos a la noción newtoniana clásica (y relativa) del espacio y del tiempo por separado. Tal como te he dicho, con la ayuda de la geometría de Minkowski aplicada a la noción de espacio-tiempo, Einstein consiguió hacer absoluto lo que antes era relativo, es decir, consiguió un método para definir (medir) unívocamente un evento del espacio/temporal y su relación con otro cualquiera. Gracias a esto, el gps que nos está ayudando ahora a llegar al castillo funciona con precisión. Y gracias a esto entendemos también mucho mejor cómo funciona el Universo, a gran escala.

Y diciendo estas cosillas llegamos a la ruinosa edificación almenada que en tiempos fue elegante refugio para cazadores de alcurnia, en el altozano de Mataespesa. Diego me dice que estas ruinas tienen no se cuantos años años de antigüedad. Yo me dispongo a indicarle que, según la Teoría de la Relatividad, es imposible definir inequivocamente esa antigüedad, pues en el planeta Tierra, el tiempo transcurre más despacio para lo que está en las cimas que para lo que está en los valles.

Pero decido callarme y disfrutar contemplando el maravilloso panorama del Guadarrama que se disfruta desde estos pedruscos ruinosos también conocidos como Castillo de Alpedrete.

Un absoluto de belleza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s