Mientras comemos al fresco unas rebanadas de pan de cristal tostado, con aceite, ajo y tomate, me habla una buena amiga, un tanto abatida, de las dificultades que está encontrando en su nuevo entorno laboral. 

Le respondo con mi personal adaptación de la Ley de Arquímedes; es un principio que podríamos denominar Ley de Arquímedes de la Hidráulica Empresarial, y se enunciaría de la siguiente manera: 

“La entrada de una persona brillante en una nueva organización genera siempre una presión en su contra equivalente a la cantidad de imbéciles que su talento desplaza“.

Es una ley universal.

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