Se llama R21 y es la nueva vacuna contra la malaria, que mejora sustancialmente la que se desarrolló hace 30 años y que solo ofrecía un 50% de eficacia. Hablan de ella en Le Figaro de hoy, 3 de Mayo.

La innovación se debe a la Universidad de Oxford, y es el fruto del trabajo del mismo equipo que ha hecho posible la vacuna Astra Zeneca contra la Covid.

Es una gran noticia, porque la malaria es, desde hace muchos siglos, el enemigo público número 1 del hombre; un insidioso, constante e implacable verdugo del género humano. 

Tan solo en el pasado año se calcula que más de un cuarto de millón de niños menores de 5 años murieron por esta dolencia. 

A pesar de esta pandemia silenciosa que se sucede año tras año, se dedican pocos recursos para perfeccionar una vacuna realmente eficaz contra el paludismo. Esto debe ser porque la malaria es esencialmente una enfermedad de países pobres y, por lo tanto, para las grandes compañías farmacéuticas resulta inútil invertir en este asunto. 

Tiene triste gracia que el nombre del mosquito que transmite la malaria signifique precisamente esto tan escandaloso que comento.

Porque, mira por donde, anopheles es palabra griega que indica lo que no es provechoso, lo que no produce beneficios. Lo inútil.

Anopheles incluye la particula de negación “an“, seguida de “opheles“, que significa en griego “ventajoso“, “provechoso“, “aumentador de recursos“, tal como se nos indica en el monumental diccionario de Liddell (novena edición, página 1277).

Por lo tanto, “an-opheles” es lo que no da beneficio.

El adjetivo griego, “opheles“, es interesante. No solo nos lleva al dichoso mosquito “inútil“, sino también, nada menos, que al texto de la oración principal cristiana, el “Padre Nuestro” (tal como se lee en el Evangelio de Mateo), y a una traducción escandalosamente manipulada.

Ahí se dice (Mateo 6,12) que hay que pedir que nos sean condonadas las ventajas o recursos que hemos adquirido (se sobreentiende que adquiridos mediante endeudamiento) del mismo modo que nosotros perdonamos a los demás sus cargas (afes hemin ta ofeilemata hemon, os kai hemeis afekamen tois ofeiletais hemon). 

Sin embargo, recientemente, los que mandan en la Iglesia Católica, han renunciado a la traducción fiel, modificando el texto tradicional del Padre Nuestro e introduciendo, sin ninguna base, la idea de “ofensa“, que no guarda ninguna relación con el término original del Evangelio, esto es, ofeilemata, (ὀφειλήματα), el cual significa propiamente, carga, beneficio pendiente de devolución, deuda económica o moral, en suma. Nada de ofensa.

He aquí pues una traducción manipuladora, realmente. 

En fin, veo que en mi errabundo vagar mental de esta mañana de Mayo, antes de irme a caminar con buenos amigos por el Valle del Lozoya, he pasado de la malaria a la oración, con pensamientos bastante tristes en ambos casos.

Acaso es porque el día ha amanecido lluvioso en la sierra (tristis era en latín la forma de referirse al cielo cuando se oscurecía por las nubes, y por extensión a un día gris y lluvioso)

O puede que sea porque en mi subconsciente ha palpitado aquel delicioso poema de Rubén Darío sobre Francisco de Asís y el lobo de Gubbia, que concluye con el santo mínimo murmurando en voz baja un Padre Nuestro, triste y resignado ante el pertinaz imperio del mal entre los hombres.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s