Credito de Veracidad.

Lo del “solo sí es sí” y la legislación que va a consagrar ese principio suscita debates.

Hay sesudos juristas que consideran que esa legislación protectora de la mujer conculca el principio de que una persona es inocente mientras no se pruebe lo contrario. 

Puede ser. Seguramente es así. Pero no es menos cierto que es un escándalo que muchos de los que ejercen violencia de género en el ámbito íntimo queden impunes precisamente por el carácter íntimo del ámbito en el que su violencia se ejerce.

Yo propongo algo así como un crédito de veracidad a favor de la mujer que dice haber sido víctima. 

Tal vez tenga sentido extender un cheque de credibilidad a esa mujer que se atreve a denunciar un atentado contra su libertad sexual. 

Ese crédito podrá devolverse luego en forma de pruebas, indiciarias o de cualquier tipo. Los jueces deberán decidir.

Pero el crédito de veracidad tal vez debe tenerlo la mujer que denuncia. Y ese crédito debe animarla a denunciar.

Quizá sea la única forma de acabar con esa inmensa infamia que representan los incontables abusos sexuales sin castigo que vienen produciéndose desde que el mundo es mundo.

Y, por cierto, tras escribir esto, caigo en la cuenta, al recordar que solo faltan unas horas para el Domingo de Resurrección, que el crédito de veracidad dado a cierta mujer hace casi un par de milenios, modificó la historia de la Humanidad. Me refiero, como es obvio, al relato evangélico.

En ese relato se nos dice que fue una mujer la que dio la noticia de que la tumba estaba vacía. Y fue una mujer la que dio la noticia de haber visto al resucitado. Y como sabemos, esa mujer disfrutó de un trascendental crédito de veracidad…

Sunt Lacrimae Rerum.

Miro a al viejo y querido Mao mientras duerme y me pregunto si está soñando. Y si en su sueño hay emociones como las que nosotros, los humanos, sentimos. Quizá esté llorando en sus sueños, recordando sus ya lejanos años de juventud. Me viene a la mente esto cuando me fijo en la comisura de su ojo derecho, que tiene desde siempre algo que recuerda el rastro de una lágrima.

Yo estoy seguro que sí. Yo intuyo que Mao, y en general todos los animales tienen una experiencia vital muy similar a la nuestra. Incluso, una conciencia y un sentido de identidad. Y no solo los animales que consideramos particularmente inteligentes, como los simios, los perros o los elefantes. 

El caso de los elefantes es poco discutible. Se sabe que lloran a lágrima viva y por razones estrictamente emocionales, no como respuesta fisiológica automática a un dolor físico.

El baronet escocés Roulaleyn Gordon-Cumming, el tristemente famoso cazador de finales del XIX que pasó su vida en Africa liquidando por placer la de incontables hermosas criaturas y que en su autobiografía se explaya en lo que Livingston calificó de “nauseabundos detalles de sus indiscriminadas matanzas de animales salvajes” relata un encuentro con un elefante al que no conseguía derribar “pese a disparar varias veces sobre él a quemarropa“. Finalmente, “sorprendido al comprobar que estaba solo atormentándolo…la noble bestia…” se decide el cazador a culminar el asesinato y nos cuenta que “disparé seis disparos más que deberían haber resultado mortales, pero en la medida en que no percibí evidencia de que le afectasen ordené que le disparasen una bala de cañon de seis libras; entonces, grandes lágrimas salieron de sus ojos, que abría y cerraba una y otra vez; su colosal cuerpo se convulsionó y desplomándose hacia un lado , expiró. Los colmillos de este elefante los enmarqué primorosamente y fueron los más grandes que nunca conseguí pues pesaban noventa libras cada pieza.

No solo los cazadores como el miserable Gordon-Cumming hacen llorar a los elefantes. Existe, si bien en un orden moral superior, una polilla en Thailandia, la llamada Mabra Elephantophila, que se alimenta de las lágrimas de estos grandes paquidermos.

Otra polilla, la Lobocraspis griseifusa, también lo hace, pero además ha desarrollado una habilidad para conseguir que las lágrimas surjan de los ojos del elefante.

Qué fascinante criatura esa esa Lobocraspis, tan evocadora de quienes, en el ámbito humano, tienen la odiosa habilidad de provocar el llanto en el prójimo y aprovechar sus lágrimas para sus fines.

Existe por cierto una palabra para denominar a quienes se alimentan del llanto ajeno: son los lacrifagos, término espléndido que se debería aplicar, en sentido propio, a las dos especies de polillas mencionadas y en sentido figurado a los que hábilmente hacen llorar al otro y se alimentan de sus lágrimas.

Por cierto que la lacrifagia nos obliga a reflexionar sobre el hecho de que la leche materna y las lágrimas son los dos únicos fluidos corporales que el humano puede concebir beber sin sentir repugnancia. Curioso.

Pesach Seder

Marta me ha pedido que le explique bien el significado de la festividad religiosa de hoy, Jueves Santo. Según ella entiende, los cristianos conmemoran este jueves la noche en la que Jesús fue prendido por los romanos y al cabo de unas horas, clavado en la cruz del Calvario (en la mañana del viernes, concretamente). ¿Es eso?

Sí. Le explico que, en principio, es tal como ella dice. Pero añado que esa cronología no está nada clara, si leemos lo que dicen respecto a “la Pasión” los cuatro evangelios canónicos. 

Marta me pide aclaración sobre este punto. ¿Cómo que no está claro? ¿Se contradicen en un punto tan importante los textos fundamentales?

En efecto.Le digo que se prepare y que se ponga cómoda. Le voy a explicar este misterioso asunto, si bien necesito mencionar antes algunos aspectos del contexto histórico de la Pascua judía.

–Ya. No hay manera de que alguna vez vayas directamente al grano.

Verás. Hay que empezar diciendo que el calendario tradicional judío era de carácter lunar. El primer día de cada mes comenzaba en la noche en la que se empezaba a ver el creciente de la nueva luna, en Jerusalén, justo después del crepúsculo. La puesta de sol es la que marcaba el comienzo del “día”, lo que resulta razonable, especialmente teniendo en cuenta que en el Génesis se menciona que Dios creó la noche y el día, no el día y la noche (Génesis 1:5). 

El viernes, por ejemplo, para los judíos, comenzaba al atardecer de lo que llamamos jueves y terminaba en el crepúsculo de lo que llamamos viernes, momento en el que se iniciaba el Sabbath. Curiosamente, pese a esta forma de ver el día, las horas se determinaban a partir del amanecer (6:00 más o menos de la mañana en el momento del equinoccio primaveral), de forma que la tercera hora (hora “tertia”) tenía lugar a las 9 de la mañana y la hora sexta, al mediodía (las horas tenían una duración variable según la época del año; siempre eran 12 horas en total, empezando al amanecer y terminando en el crepúsculo, pero eran lógicamente más largas en verano que en invierno).

Como quiera Dios había “descansado en el séptimo día tras todo el trabajo realizado“, según Génesis 2:2, el sábado o Sabbath debería ser santificado por los judíos (Levítico 23:3 y Exodo 20:10). 

La cena del viernes era la cena del Sabbath, porque marcaba el comienzo del sábado. Durante el viernes propiamente dicho (horas de luz del viernes), tenía lugar el Día de Preparación (la Paraskeuon Prosabbaton, en el griego original de los Evangelios).

Además de los “Sabbaths“, los judíos tenían otras fiestas religiosas, siendo la más importante la Pascua, una fiesta móvil que podía caer en cualquier día de la semana y que era especialmente sagrada si caía en sábado.

El primer mes de los judíos, en el que se celebraba la Pascua, era el llamado mes de Nisan que significa en hebreo el que florece y deriva su nombre de una palabra sumeria para referirse a las frutas tempranas (nisag=ni, cosa; sag, primero). El mes judío de Nisan podía caer en Marzo o Abril, pues comenzaba quince días antes de la primera luna llena primaveral (es decir, de la primera luna llena tras el equinoccio). En esto, el calendario judío no era muy diferente del romano, que marcaba el comienzo del año con el comienzo de la primavera. 

La Pascua judía conmemoraba la salida de los judíos de su exilio forzado en Egipto. Se recordaba el poder que Dios había dado a Moises para infligir un terrible castigo a los egipcios, haciendo que muriesen a manos de un ángel exterminador todos los primogénitos de las familias egipcias, pero preservando a las familias judías que sacrificasen un cordero y tiñesen de rojo con sus sangre las puertas de sus casas. En la medida en el que el ángel “se saltaba” las puertas rojas, la fiesta se llamaba “pascua”, pues pascua en hebreo (Pesach) significa “saltarse” (en convergencia con otra etimología que connota la idea de protección).

La Pascua judía duraba una semana, empezando con la cena pascual (la pesach seder) que implicaba el sacrificio y consumo de un cordero y tenía lugar en la noche de luna llena en la noche tras el 14 de Nisan. Después del pesach seder tenían lugar otros 7 días del pan sin levadura”, período que duraba hasta el 22 de Nisan. La celebración de la cena pascual debía realizarse tras la peregrinación a Jerusalen, adquiriendo un cordero en el templo (debidamente sacrificado por los sacerdotes y vendido en el templo mismo, lo que ocasionó el célebre episodio evangélico de los mercaderes y la ira de Jesús). 

El cordero pascual debía sacrificarse exactamente el día 14 de Nisan por la tarde para que solo unas horas después, en el comienzo del 15 de Nisan, se pudiese comer su carne en la “pesach seder”. El día 14 de Nisan era por tanto el día de “la Preparación de la Pascua”, y no debe confundirse con el Día de Preparación del Sábado, por más que pudieran solaparse.

Los  cuatro evangelistas coinciden en que Jesús murió en el período pascual, habiendo disfrutado una “última cena” con sus discípulos y siendo crucificado durante el reino del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea (d.c 26 a d.c 36), siendo Caifás el sumo sacerdote de Jerusalen (d.c 18 a d.c 36) y siendo gobernador de Galilea Herodes Antipas (del 4 a.c al 39 d.c). Todo esto consta en historiadores como Tacito (Anales, XV 44) y Josefo (Antiguedades XVII y XVIII) así como en Lucas 3:1-2)

–Entonces, si los cuatro dicen lo mismo ¿dónde está la discrepancia de la que me hablabas?

Donde está la discrepancia es si esa “Última Cena” fue la “pesach seder”, cena pascual, o simplemente una cena más. Los tres evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) nos indican que esa cena era en efecto la cena Pascual, lo cual tiene sentido “profético”. En cambio, en el Evangelio de Juan se nos dice que Jesús murió el día de Preparación de la Pascua, esto es el día del sacrificio de los corderos, lo cual también tiene un sentido teológico interesante.

Marcos es el autor del primer texto evangélico, escrito probablemente en el 70 d.c, justo el año en el que los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén. Marcos, en el evangelio, cuenta que “en el primero de los “días del pan sin levadura, cuando se sacrifica el cordero pascual“, los discípulos preguntaron a Jesús dónde prepararían el cordero pascual “para que tú puedas hacer la cena pascual” (Marcos 14:12,  Mateo 26:17, y Lucas 22:15). Jesús contesta que desea  pasar esta Pascua con ellos, “antes de mi sufrimiento“. Sabemos que las preparaciones se realizan propiamente y que durante la cena pascual Jesús realiza unos actos simbólicos con el pan y con el vino, para sugerir que su sangre será derramada y su cuerpo mortificado. Luego, se nos dice que todos los comensales fueron al jardín de Getsemaní, donde Jesús fue arrestado por los romanos. Seguidamente fue juzgado y hallado culpable por Poncio Pilatos, y sin más tardar, fue crucificado a la “hora tertia”, es decir, a las 9 de la mañana del día de la Cena de Pascua (Marcos 15:25).

Ahora bien, Juan, que es el autor del último texto evangélico, hacia el 95 d.c. nos dice que Jesús murió “antes de la fiesta de la Pascua” (Juan 13:1), no en la fiesta de la Pascua. Juan no menciona nada relativo a la preparación de la cena pascual, ni habla de ninguna ceremonia especial durante la “última cena” (esto es muy sorprendente y plantea dudas sobre los ritos del pan y del vino). 

Juan solo hace alusión al lavado de pies y al nuevo mandamiento de amarse los unos a los otros. Según Juan, el arresto de Jesús tienen lugar en la noche en la que comienza el Día de la Preparación de la Pascua. Seguidamente, en la mañana Jesús es llevado ante los judíos (Caifás) no ante los romanos. Desde la casa de Caifás es conducido al palacio de Pilatos. El gobernador romano invita a los judíos a entrar, pero los judíos, nos dice Juan, no franquean el edificio, pese a la petición de Pilatos, puesto que según indican, la entrada en esa estancia les contaminaría y les impediría de participar en la cena pascual que tendría lugar al cabo de unas cuantas horas. Esta negativa a entrar obliga a Pilatos a un absurdo proceso de entradas y salidas de su palacio para comunicarse con los judíos. Finalmente, pese a los intentos de salvación de Pilatos, que propone a otro delincuente cualquiera para la ejecución (bar abbas=un cualquier hijo de su padre, etimológicamente) Jesús es llevado hacia la crucifixión que tiene lugar alrededor de la hora sexta del Día de Preparación de la Pascua (es decir, al mediodía).

Juan y Marcos, coinciden en que la muerte tuvo lugar en un viernes. Para Marcos, ese viernes era el día de la Pascua, subsiguiente a la cena pascual (15 Nisan). Para Juan en cambio, la muerte tiene lugar en el Día de la Preparación de la Pascua (14 Nisan), algunos minutos u horas después del mediodía, pero antes del crepúsculo (pues ya sería el Sabbath y la ley judía impedía que se ejecutasen penas capitales durante el Sabbath o que los cadáveres permanezcan a la intemperie). De acuerdo con el historiador Josefo, la hora exacta estaría entre la hora nona y la undécima ( o sea entre las 3 de la tarde y las 5 de la tarde).

En Juan, la Cena Pascual en el que Jesús muere coincide con el sábado (lo que también tiene significado profético). Así lo señala este evangelista. Ese sábado era para Juan “un día elevado” (19:31), indicando con ello que el viernes era Día de Preparación por partida doble. Juan, por tanto, hace coincidir la muerte de Jesús con la muerte de los corderos pascuales, dando validez las palabras de Juan el Bautista en el sentido de que Jesús era el “cordero de dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) y dando validez a lo indicado en la primera epístola a los Corintios en la que se nos dice que “Cristo es el sacrificado en la Pascua por nosotros

En fin, la discrepancia en los Evangelios sobre algo tan decisivo como el momento de la muerte de Jesús, plantea no pocos interrogantes sobre la realidad histórica de los últimos días de Jesús, tal como los narran los evangelistas canónicos. Y, francamente, nos hace dudar sobre cuál de las versiones es “fabricada” o si lo son ambas.

Marta me dice que entonces, a la luz de todo lo que le acabo de contar, la Pasíon es todo un misterio. Cierto, como tantas cosas de la religión. 

Pero a pesar de que el significado etimológico de misterio es “lo que debemos callar“, a mí me encanta hablar o escribir de estas cosas. Ya lo creo.