Escribí un cuentecito, hace mucho, mucho tiempo (y creo que desde una galaxia lejana) que a mis hijas les gustaba bastante escuchar, antes de dormir. 

Trataba mi cuentecito de un pájaro que se había olvidado de cómo se cantaba. 

Había bebido, transgrediendo una norma capital de su bandada, el dulce néctar de cierta flor mágica y el resultado fue que olvidó cómo cantar.

Por más que lo intentaba, no conseguía recordar cómo debían hacerse los trinos. 

Estaba muy triste este pájaro por esto y no conseguía encontrar a nadie que le ayudase. 

Hasta que una gatita se compadeció de él y, con mucha paciencia gatuna, enseñó al pajarito…a maullar. 

No es lo mismo un trino que un maullido, claro está, pero al pajarito le pareció muy bien saber hacerlo.

Y lo mejor es que aquel pajarito, al poder hablar el lenguaje de los gatos, consiguió un buen día explicarles lo mucho que sufrían los de su especie por la feroz persecución felina. ¡Qué cosa tan injusta!

Y, así, gracias a sus flamantes nuevos maullidos, el pajarito maullador consiguió que se estableciese una tregua provisional en la absurda guerra ancestral que viene enfrentando a gatos y pájaros desde que el mundo es mundo. 

La moraleja (solo en la literatura infantil es aceptable la moraleja) era que el lenguaje y el entendimiento mutuo acaban uniendo a los enemigos irreconciliables y consiguen a menudo hacer compañeros de viaje a los que antes se enfrentaban sin piedad.

He recordado este cuento anoche, leyendo el último número de Science Avenir, cuando he sabido que los regentes, una especie australiana de pájaros comedores de miel (en la foto), están teniendo grandes dificultades para aprender a cantar, por no encontrar tutores en su misma especie, seriamente amenazada de extinción (yo no sabía que los pájaros necesitan tutores, y esto hila con lo que escribí ayer, por cierto). En cierto modo, como dice el titular de la noticia, estos pájaros se han olvidado de cómo se canta.

Además, esta dificultad derivada de la amenaza de extinción de los regentes se retroalimenta, porque los pájaros necesitan el canto para el emparejamiento y la reproducción.

Lástima que esos regentes no encuentren a la gatita de mi cuento y aprendan al menos a maullar. Quizá eso también serviría, por añadidura, para pacificar el eterno conflicto entre las dos especies que, según también he sabido, tan solo en Francia causa bajas anuales entre los pájaros superiores a 75 millones. Sin duda debido a la falta de entendimiento…

Terrible historia, la de estos regentes devoradores de miel que han olvidado el gorjeo. No se si contársela a las chicas o más bien dejar que subsista en su recuerdo aquel gato que un buen día aprendió a maullar.

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