Hace un par de meses escribí aquí mi perplejidad por el slogan electoral de una cierta formación política, de tintes identitarios.

Era un slogan que se limitaba a prometer el “ser“, sin más: “Juntos para Ser”. Esto me pareció fascinante.

Fascinante e inquietante, por las dudas filosóficas que me despertaba la proclama y que no me dejaron dormir.

Kant nos enseñó que el “ser” no es un atributo predicable de las cosas sino como mucho la noción que nos permite concebir predicados de las cosas.

Wittgenstein, a su vez, negaba que las cosas “sean”, y por eso en el primer y segundo punto del Tractatus nos aclara que el mundo no son las cosas, sino lo que acaece, el devenir, los hechos.

El mundo para Wittgenstein se descompone en hechos que ocurren, no en seres. Por su parte, Carlo Rovelli nos confirma lo mismo, cuando nos indica, al estilo de Duchamp, que la silla que estamos viendo no es una silla, sino un laberinto de misteriosos bucles cuánticos. Para la física actual, el mundo físico solo se puede concebir como una red de eventos, no como algo hecho de cosas. Y en realidad, esto es algo que ya sospechaba Anaximandro, hace 26 siglos, cuando nos aconsejaba que entendiésemos el mundo estudiando el cambio, no estudiando las cosas.

En fin, que aquello de “Juntos para Ser” me dejó impactado no solo por su soberbia enjundia metafisica sino por ser el exponente de una sublime política del vacío absoluto, donde ya no se propone nada, ni se promete nada, ni se afirma nada…solo se ofrece la identidad, solo se predica el ser. 

Una política que hace mucho ruido, como una gran campana, pero que, como la gran campana, está esencialmente vacía por dentro.

Pues no, señor. Lo del “Juntos Para Ser” sí se ha podido superar. Porque otra prebostilla autonómica, en este caso la mandamás de aquí, por la parte central del país, ha lanzado su video de campaña y, lo creas o no, no dice nada. Nada de nada. Se limita a correr sin parar, como Forrest Gump. La vemos trotando y trotando por las calles (por cierto, con un efecto perceptible de aceleración en su zancada, obviamente creado en postproducción, lo que hace de ella una Griffith Joyner fingida y que induce a la sonrisa).

Este es un paso más. Es una muestra más de que la política actual no se  fundamenta en argumentos o postulados sino en emociones y prejuicios.

Rien ne va plus? No se. Es difícilmente superable este artificio de hacer un vídeo sigiloso y mostrar a un candidato que no habla.

Podríamos tal vez dar alguna vuelta de tuerca si pensamos “fuera de la caja”.

Me explico. Yo creo que el próximo candidato o candidata tendrá que evitar salir en pantalla. Ni un solo plano.

Deberá limitarse a mostrar, por ejemplo, a su gato. Los gatos son lo más visto en internet. En YouTube se registran 26 mil millones de visionados de este mamífero que pasa el 70% del día durmiendo y acompaña a la Humanidad desde hace 9500 años. Los felinos domésticos, tan amados que suman más de 100 millones en Europa, constituyen desde hace tiempo la categoría estrella de las plataformas de vídeos en la Red.

Por lo tanto, yo animo a los asesores de imagen que vayan preparando un vídeo de un gato para las próximas generales. 

No hará falta audio ni sobreimpresiones. Ni siquiera música. 

Solo un minino jugando y saltando. Deberá ser el minino del candidato. Y al final, el logo del partido en cuestión. Con eso triunfan. Fijo.

Tal como van las cosas, para convencer al votante no harán falta datos. Bastarán gatos.

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