Me preguntan por la actualidad política, que según me dicen está que arde. Pues que siga ardiendo, contesto. A mi me importa un comino todo eso. 

A mí lo que me importa es la alcachofa, cuya temporada concluye ahora, por desgracia

Yo veo en la alcachofa la joya de la huerta, y afirmo que es verdura con más historia de la que se podría suponer. 

Hesíodo elogiaba la alcachofa, como heraldo feliz del verano, y proponía libaciones en su honor. Los patricios romanos creían a ciencia cierta en sus virtudes para estimular el deseo amoroso. Y también debió fiarse de esa cualidad Carlomagno, que las devoraba, lo que tal vez está en relación con su prole de más de veinte vástagos.

Fue Catalina de Medici quien las popularizó en Francia, lo que contribuyó a acrecentar su fama de mujer inmoral, dados aquellos antecedentes afrodisíacos de la hortaliza. Y, en fin, estas supuestas virtudes libidinosas no pueden menos que hacernos recordar un curioso dato: en los años 40 o 50 del siglo pasado fue elegida en California como Miss Alcachofa, una joven llamada Marilyn Monroe.

–Por dios, yo te pregunto sobre los políticos que hoy son noticia y tu me hablas de alcachofas, Catalina de Medici y Marilyn Monroe…siempre sales por la tangente.

–Pues la tangente es cosa muy de políticos, ya sabes que tangente es como llaman los italianos a la mordida de los prebostes. Pero es que además la alcachofa es la perfecta metáfora de estos mandamases…

–¿En qué sentido?

–Pues en que te pones a buscar la sustancia o el núcleo de la alcachofa y vas quitando hojas y hojas hasta quedarte sin nada. Como las cebollas. Como los prebostes.

–Ya.

–Es decir, la sustancia de la alcachofa, su verdadera esencia, viene a ser la apariencia. Dentro, nada hay. Esto hace particularmente interesante a la alcachofa, incluso como motivo de reflexión filosófica. Tal vez te he comentado alguna vez que Wittgenstein menciona varias veces a la alcachofa en Investigaciones Filosóficas.

–Sí. Te repites mucho últimamente, aunque no recuerdo exactamente lo que decías al respecto.

–Para Wittgenstein, nuestro esfuerzo por entender el supuesto profundo significado de las palabras es vano. Solo nos podemos limitar a ir viendo sus diferentes usos, quitando sucesivamente hojas de la alcachofa, considerando las diferentes expresiones de su utilización. Y cuando hemos quitado todas las hojas, cuando hemos revisado todos los posibles usos de la palabra, nos quedamos sin nada. 

–Como pasa con los políticos.

–Exacto. Pero dejemos ese enojoso tema y centrémonos en la alcachofa. Podríamos disponernos ahora a preparar para la cena unas sublimes alcachofas a la griega, tal como las cantaba Homero. Eso sí es un asunto relevante. ¿Te parece?

–Vale.

–Pues vayamos haciendo acopio de alcachofas, uvas pasas, vino blanco, aceite de oliva y vinagre balsámico. Y dejemos a los prebostes con sus cuitas.

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