Es interesante ese nombre que se ha dado al nuevo vehículo enviado al planeta Marte: “Perseverancia”.

Es palabra de origen latino, como es obvio. Pero, entre los escritores romanos, con el sentido de firmeza o “constantia animi” no era un vocablo muy usado. Lo encontramos, con un sentido más bien negativo, en la célebre frase de Cicerón, repetida por San Agustín, según la cual errar es humano, pero perseverar en el error es diabólico.

Yo creo que para entender por qué se ha llamado así a este nuevo ingenio enviado a Marte, hay que remitirse al nombre que llevaba el anterior “rover”, esto es, “Curiosity”.

Tal vez se nos ha querido decir que si la curiosidad es la que impulsa al hombre hacia el conocimiento, solo la perseverancia consigue que no abandone la empresa cuando surgen las dificultades. No sirve de mucho la curiosidad si no la acompaña la perseverancia.

En cuanto a la frase de Cicerón, yo creo que tiene más sentido darle la vuelta: lo que hace grande al hombre, lo que consigue llevarlo lejos, lo que lo define, no es precisamente el error, que es propio de toda criatura, sino acaso la perseverancia. Porque esa virtud, en feliz cooperación con la curiosidad, es un rasgo genuinamente humano.

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