El maestro zen espera a su discípulo, para la primera lección.

El discípulo llega puntual, a la hora prevista. Llama a la puerta.

–¿Quién es?–pregunta el maestro.

–Soy Tatsuya, tu discípulo.

La puerta no se abre. Tras unos instantes, se oye de nuevo la voz del maestro.

–¿Quién es?

–Soy yo, Tatsuya, el hijo de Hiroshi, el granjero.

–La puerta sigue sin abrirse. De nuevo se escucha al maestro.

–¿Quién es?

Ahora, el discípulo calla. No responde. Medita. Y al cabo de unos instantes se abre la puerta.

Tatsuya ha aprendido la primera y más importante de las enseñanzas del zen, a saber, el difícil y tortuoso camino de la aniquilación del yo y su feliz disolución en el Universo.

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