Salgo a dar el paseo matinal con Mao en este domingo soleado pero frío y muy ventoso. Este vendaval debe estar llevando de aquí para allá muchos olores, así que Mao se entretiene olfateando todo. De pronto, ya en la dehesa, le da por buscar concienzudamente algo y lo hace siguiendo la pauta habitual entre los de su especie: unos pasos a la derecha, luego detención y examen, luego a la izquierda, después a la derecha otra vez…Todo muy rápido, como en un paroxismo, hasta encontrar por fin lo que parecía que andaba buscando y detenerse allí para proceder a la impregnación biológica ritual.

Me da que pensar esta forma canina de buscar las cosas. Está sin duda relacionada con la imposibilidad de oler “en 3D”. Quiero decir que el olfato del perro (al igual que el nuestro), no permite identificar fácilmente el punto físico de origen de un olor. Se da una diferencia esencial entre el sentido del olor y el de la vista. Los ojos nos permiten identificar las cosas y dirigirnos a ellas en línea recta, evaluando fácilmente su distancia, gracias a la bifocalidad y a la valoración cerebral del paralaje. En cambio, nada de eso ocurre con el olfato. Así que si queremos encontrar el origen de un olor lo debemos hacer mediante tanteo. En eso somos muy parecidos todos los mamíferos dotados de pituitaria.

En realidad, buscar un olor mediante tanteo es utilizar el tiempo para determinar el espacio, lo cual suena muy metafísico, pero es fácil de comprender: nos movemos al azar y si vemos que la intensidad del olor crece, mantenemos la dirección, y si no es así, la modificamos.  Eso es lo que hace Mao.

Este sistema de identificación espacial aleatoria, mediante valoración de los cambios en la intensidad sensorial es quizá el más elemental de los sistemas de relación de los seres vivos con su entorno. Se da incluso en las bacterias, que también se mueven en dirección a sus nutrientes mediante este tipo de tanteo espacio-temporal con base química.

Se dice a menudo que el olfato es el más primario de los sentidos. Y puede ser que también lo sea en un sentido mucho más profundo del que tendemos a pensar. En cierto modo, la epopeya de la vida animal en la Tierra dio comienzo cuando los seres unicelulares aprendieron a usar sensores químicos para sobrevivir, para crecer y para multiplicarse a partir del entorno. 

El olfato podría considerarse como el punto de partida del surgimiento y desarrollo del cerebro. Esto es muy posible desde el punto de vista filogenético, pero es casi obvio desde el ontogenético, pues la nariz del embrión humano surge muy pronto, en la octava semana de gestación, cuando el feto ni siquiera mide 2 centímetros, y tiene lugar apenas unos días después del cierre del tubo neural, del que la nariz embrional se diría que es el punto extremo. 

De hecho, hoy se sabe que las células neuronales que tenemos en nuestra cavidad nasal superior son totalmente similares a las que teníamos en aquel tubo neural, cuando solo eramos un embrión de pocos milímetros. Además, en la medida en que se puede decir que olemos con el cerebro, por la pertenencia al mismo del bulbo olfatorio y los nervios olfatorios, tiene perfecto sentido contemplar casi como una unidad al sistema cerebro/nariz. O incluso decir que lo que llamamos nariz no es sino una cavidad auxiliar del cerebro, lo que tanto vale como decir que el cerebro primario, en un sentido muy profundo, no fue más que una extensión de la nariz.

Mao agitándose frenéticamente en busca de la hormona de la collie con la que nos hemos cruzado. Las bacterias valorando tiempo y espacio para localizar sus nutrientes. Incluso, si se me permite la boutade, estos políticos erráticos que sufrimos, que toman decisiones y cambian de rumbo sobre la marcha a partir de las encuestas electorales…

Bacterias, perros, humanos…el principio es siempre el mismo y está relacionado con el fascinante mecanismo de tanteo químico que concibió la naturaleza para poner en marcha la aventura de la vida animal en el planeta.

Y con estos pensamientos retorno a casa, aunque noto que a Mao le ha parecido demasiado corto el paseo de hoy.

Abro la puerta y antes de entrar de nuevo en casa, no se por qué, me da por respirar profundamente. Con la nariz.

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