Cuando el moralista se queja de que un comportamiento sexual ajeno le resulta escandaloso, en realidad está dándonos pistas sobre lo que de verdad está pasando en su cerebro.

Escándalo significa etimológicamente trampa; una trampa que nos hace caer.

Escándalo se relaciona con la raíz indoeuropea skand, que significa salto o tropiezo-

Podremos reconocer este ancestro común en la forma que toma la palabra escándalo en un asombroso número de lenguas, desde el ruso al persa, pasando por el búlgaro o el danés. Escándalo es sin duda (junto con gengibre) una de las palabras que mejor sugieren el tronco común de nuestro léxico ( incluso en japonés o coreano es reconocible el ancestro indoeuropeo skand, si bien en estos dos casos, claro está, se debe a los préstamos que esas lenguas han tomado del inglés o el portugués para referirse al concepto de escándalo: sukiandaru en japonés, seukandeul en coreano).

En todo caso, el sentido actual de escándalo, que es de orden moral, lo tomamos del antiguo griego, en el que para denotar el acto de preparar cepos para los animales se usaba el verbo skandalizein. Por analogía (como vemos en Aristófanes) el verbo se refería al acto de hacer surgir tentaciones irresistibles.

Es decir, quien dice haberse topado con un escándalo, verdaderamente está poniendo al descubierto que ha caído pastueño en la trampa, en el σκάνδαλο . Esto es iluminador.

El psicoanálisis y la etimología son con frecuencia muy buenos amigos. Y esto me parece muy curioso.

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