Ayer fue muy entretenido contemplar la ceremonia inaugural en el Capitolio. Un feliz acontecimiento, más allá de su carácter de gran exposición de la pompa y la hipocresía. Pero es que una cierta forma de hipocresía, que a menudo llamamos cortesía, viene a ser el cemento que aglutina el edificio social es algo que admite poca discusión. Pero si se quiere una prueba sencilla, se puede mencionar el origen de una forma de saludar que se ha hecho prácticamente universal.

Me estoy refiriendo a la palabra originalmente italiana «ciao» (que los españoles pronunciamos como «chao» y los argentinos o uruguayos como «chau«).

Ciao es un derivado de «schiavo«. Etimológicamente, cada vez que decimos «ciao«, estamos indicando que somos seguros servidores de nuestro interlocutor, lo cual es poco plausible, ciertamente. «Schiavo!» era la expresión cortés que se usaba hace siglos en el norte de Italia para saludar al prójimo; ciao es el apócope en el que ha derivado.

¿Es un caso aislado? No tanto. Hace años, también aquí se decía «¡servidor!», para hacerse notar ante una llamada (por ejemplo cuando alguien pasaba lista). Se usaba mucho esta odiosa expresión hasta que los ideólogos del franquismo llegaron a la conclusión que era contraria a la indiscutible hidalguía esencial del hombre español que ellos imaginaban, y la sustituyeron, casi por decreto, por el joseantoniano»¡presente!». Venía a ser lo mismo, pero distinto.

Y si alguien cree que esto de ponerse por defecto al servicio del prójimo es solo una peculiar característica de ibéricos o itálicos, se equivoca.

Los magyares, cuando, por ejemplo, responden a una llamada telefónica, no dicen el equivalente a «dígame», sino que dicen: «soy su servidor«, o sea, «szia!», que es el apócope del magyar «szervusz«, a su vez un derivado del latín «servus» o más bien «servus humilisimus«, es decir, su humildísimo servidor. Los rumanos simplemente dicen a estos efectos «servus«, que no deja lugar a dudas y que coincide con el arcaísmo alemán «servus«. Los suecos dicen «tjänare«, que es elipsis de muja tjänare, humilde servidor.

Y dicho esto, solo me queda, amable lector, por hoy, decirte una sola palabra: ¡ciao!

Pero, por favor, no te la tomes al pie de la letra. Es solo cortesía.

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