Una amiga de Marta, que me lee de vez en cuando (brave fille!), me dice que le recomiende algún taller de escritura, o tal vez un coach especializado, pues le gustaría escribir cuentos de ciencia ficción.

No estoy muy cualificado para lo que me pide. No soy literato. No puedo acreditar más que la autoría de dos o tres libritos de ensayo sin importancia. Me he ganado la vida escribiendo publicidad, es cierto. Pero eso poco tiene que ver con el arte de narrar.

No obstante me atrevo a recomendarle algo. Le sugiero que descarte los talleres de escritura y que en cambio, se tumbe en el diván de un buen psicoanalista. O sea, le recomiendo un couch en lugar de un coach.

–¿Un psicoanálisis? ¿Por qué?

–Hay muchas razones. El psicoanálisis enseña a definir personajes en su abisal profundidad, a dominar el arte de la metáfora y la alegoría, a desconfiar de las frases hechas, a explotar los dobles sentidos…

–Qué consejo tan curioso: el diván como instrumento de creación…

–Así es. Y así lo vieron gentes como Fellini, Bataille o Perec, por citar tres casos evidentes.

–Pero yo quiero escribir ciencia ficción; quiero narrar sobre las sorpresas que nos deparará el futuro ¿Me ayudará el psicoanalista?

–No se si te ayudará a narrar el futuro y sus incógnitas. Pero te aseguro que te ayudará a desvelar otras incógnitas aún más fascinantes que las del futuro. 

–¿A qué te refieres?

–Al pasado. Créeme, no se sabe nunca las sorpresas que nuestro pasado nos puede deparar…

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