Estoy leyendo una biografía de Pessoa y me produce melancolía el relato de las privaciones materiales que pasaba el excelso poeta. 

Lo que ganaba en aquella mísera oficina o haciendo horóscopos y cartas astrales para periódicos, apenas le daba para pagar esa triste pensión, esos menús baratos en tabernas infectas y los cigarrillos en la tabaquería de enfrente. 

Pero, pienso mientras leo ¿cómo le iba a cundir lo poco que ganaba si tenía tantísimas bocas que alimentar? Alberto, Alexander, Alvaro, Bernardo, Ricardo..

No hay salario que resista el desafío de mantener tantísimos poetas como este genio llevaba dentro.

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