Concluimos los emails, o los mensajes mandados desde el móvil, enviando besos o abrazos a los destinatarios. Pero esto ahora es menos rutinario que antes. Es menos pura fórmula. Ahora, de algún modo, lo hacemos a conciencia, ansiando de verdad que esos abrazos o besos adquieran sustancia y viajen por el espacio hasta llegar, en toda su materialidad, al ser que amamos.

Pero es frustrante saber que no será así. 

Inspirándonos en Kafka, podríamos decir que el correo electrónico o el whatsapp está alimentando a esos hambrientos espectros que se nutren de besos y abrazos extraviados. Nuestros abrazos y los besos escritos nunca llegan a su destino, sino que son bebidos en su trayecto por ávidos, impíos fantasmas.

Ahora se mandan incontables besos y abrazos por internet, y es eso sin duda lo que está provocando la multiplicación de la nación fantasmal.

Kafka le dice a Milena, en una carta, que los nuevos medios de transporte, es decir, los trenes, los coches o los aviones, no son sino la expresión del esfuerzo de la Humanidad por impedir que esos fantasmas devoradores de besos engorden y proliferen a costa de tanto amor postal perdido en el camino.

Kafka pensaba que esa era una batalla perdida. Creía que con la invención del telégrafo, el teléfono, o la comunicación por radio, los fantasmas devorabesos no pasarían hambre jamás…pero el Hombre acabaría por perecer: Die Geister werden nicht verhungern, aber wir werden zugrundegehn…

Hoy con tanto beso y tanto abrazo de pura y miserable virtualidad, acaso sería Kafka aún más pesimista…Si cabe.

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