Ahora que se habla un poco más de lo habitual de educación (y nunca será suficiente), se puede recordar el viejo proverbio, “la letra con sangre entra”, que por sí solo bastaría para comprender por qué la llamada sabiduría popular no es frecuentemente sino estupidez popular. Porque la letra no entra jamás con sangre. Acaso sale, si el maestro no comprende que hacer sufrir es incompatible con enseñar nada, como no sea el miedo y el rechazo.
O tal vez la letra sí entra con sangre. Pero habrá de ser con la sangre, metafórica, del maestro, pues a tal punto es preciso esforzarse para encontrar el amoroso camino de la pedagogía efectiva.

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