Mercedes se acaba de tomar un café y me dice que ya se encuentra mucho mejor, después de haber dormido mal la pasada noche (parece que hay una verdadera pandemia de insomnio en el mundo). Lo curioso es que me dice que se siente mucho mejor apenas un minuto después de tomar el café, y esto no deja de ser extraño puesto que la cafeína solo puede hacer su efecto químico en las neuronas al cabo de 20 minutos.
¿Placebo? No exactamente.
Ocurre que el cerebro de Mercedes (y el mío), tras muchas experiencias de consumo de café, ya sabe que la cafeína acabará inhibiendo al cabo de unos minutos la adenosina, que a su vez es la que está impidiendo que la dopamina se acople a sus receptores (esto último es lo que implica somnolencia o cansancio). Por lo tanto, ese cerebro “experto”, actúa anticipadamente sobre la sensación de sueño tan pronto percibe la ingesta de café. No necesita que el efecto químico se produzca al cabo de unos minutos. Pasa lo mismo cuando bebemos un vaso de agua en un momento de intensa sed. Esa sed desaparece mucho antes de que el agua ingerida llegue a las células.
El cerebro humano es ante todo una máquina de anticipación. Anticipa sistemáticamente en todos los ámbitos. Y si lo piensas bien, eso es la esencia de la buena gestión y lo que garantiza la supervivencia. Justo lo que parece que echamos de menos en el gobierno de nuestras sociedades. Un gobierno que apenas parece capaz de anticipar nada. Un gobierno, en más de un sentido, descerebrado. Con poca aptitud para garantizar la supervivencia. Excepto la suya.

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