Me inquieta pensar que el mayor avance de la civilización humana se relaciona con la idea de bloquear la capacidad de procreación de otras criaturas.
Por un lado tenemos el trigo. Solo cuando el hombre consiguió unas espigas cuyo grano no se lo llevase el viento, el trigo se convirtió en la fuente de alimentación que hizo posible la vida urbana y el progreso (si se puede llamar así) de la civilización.
Y por otro lado están los bueyes de tiro, sin los cuales el trabajo de arar los campos de cereal sería casi imposible (quizá por ello los bueyes han sido en tantas culturas objeto de divinización, dado su celibato y su rol benefactor).
Estas cosas, sobre las que no creo recordar que haya reflexionado el admirable Hariri, me hacen meditar sobre la historia del sapiens y su relación con otras criaturas. No sin cierta melancolía.

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