En el medievo, cuando llegaba la epidemia, el virus o la bacteria encontraba en la religión un gran aliado. Las iglesias se llenaban para las oportunas rogativas. Las calles de procesiones. Los penitentes desfilaban descalzos y semidesnudos por las ciudades, abriendo sus carnes con las disciplinas y salpicando de sangre a los vecinos. Los fieles que acudían a misa mojaban al entrar y salir, uno tras otro, sus manos en la pila de agua bendita…
Pero ahora es distinto. Los gobiernos han obligado a clausurar iglesias y proscribir o limitar, toda manifestación pública o colectiva de religiosidad, como las procesiones, las novenas, los peregrinajes, la visitas a santuarios o cementerios…
Pero la creatividad humana no tiene límites. Por ejemplo, en el pasado mes de Julio, en la parroquia de San Maurizio, un lugar de la Lombardía atormentada por el virus, el párroco, Don Bruno, hizo instalar un sofisticado ingenio que ofrecía agua bendita sin contacto, mediante un pequeño surtidor accionado por una célula fotoeléctrica. Toda una genialidad muy propia del talento de los lombardos, que son, junto a los japoneses, los mayores expertos en máquinas de vending y expendedoras de toda cosa imaginable.
Y esta tecnología sacra se ha perfeccionado aún más: una empresa del Véneto, Penta Systems, en colaboración el párroco Don Darío de Badia Calavena, ha patentado una máquina que no solo permite que el devoto reciba una aspersión apropiada de agua bendecida sino que garantiza la total eliminación de gérmenes del líquido elemento mediante una luz ultravioleta germicida. Esta máquina ya se esta intentando vender en toda Italia al contenido precio de lanzamiento de 690 euros.
Pero aún hay más. En Seveso han desarrollado otra máquina expendedora de agua bendita que en lugar de dispensar simple agua santificada, ofrece al creyente una solución alcoholica bendecida con perfume de bergamota, al tiempo que mide mediante un sensor la temperatura del fiel que entra en la iglesia y usa el artefacto, avisando así al párroco, en tiempo real del estado de salud de su grey. Esta máquina ya está instalada en al menos una parroquia de Varese.
A la luz de todo esto, se puede pensar que esta sorprendente sofisticación del suministro agua bendita es una anomalía de nuestro tiempo, tan dominado por la técnica. Nada más lejos de la realidad. Ya en el siglo I d.c, Herón de Alejandría, el genial ingeniero egipcio, desarrolló una máquina expendedora de agua sagrada. Funcionaba con monedas de 5 dracmas, el equivalente a 2 euros de hoy. Su mecanismo está perfectamente explicado en uno de los libros escritos por Herón, Pneumátika.
El agua bendita ofrecida a cambio de limosnas podría considerarse el primer gran story case de márketing (bajo coste de materia prima, altísimo margen, poderosa promesa al consumidor, alta rotación, recurrencia, prescripción cualificada, distribución capilar…). Debería estudiarse en las Escuelas de Negocios. Así que no tiene nada de raro que ante las barreras que ha traído la pandemia, la creatividad humana se haya apresurado a hacer posible un agua bendita…a prueba de Covid.

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