Al parecer, la serie televisiva del año va a ser Gambito de Dama. Yo he disfrutado viéndola, no solo por el tema, sino por la espectacular calidad de producción. Espléndida, realmente.
La serie ha traído a la actualidad un asunto peliagudo, a saber, la razón por las que las mujeres tienen mucho menor nivel que los hombres en ajedrez.
En la medida en la que el ajedrez es el juego intelectual por excelencia y dado que en este juego existe un sistema preciso de evaluación del nivel de cada competidor (el sistema ELO), el debate sobre esa presunta inferioridad femenina tiene un gran alcance.
¿Ellas juegan peor? Entonces ellas piensan peor, como sugerían alegre e indocumentadamente Fischer o Kasparov. O al menos piensan “diferente“, como han especulado otras personas mucho más autorizadas que esos dos campeones del mundo, incluyendo a Steven Pinker, por ejemplo.
En fin, la cuestión es sencilla ¿por qué solo hay en la actualidad una jugadora entre los cien mejores ajedrecistas masculinos del mundo?
La razón es mucho más simple de lo que parece y no tiene mucho que ver con presuntas diferencias o inferioridades cognitivas del género femenino. Es un asunto estrictamente estadístico.
Asumamos como premisa que hay muchas menos jugadoras de ajedrez que jugadores. Esto un hecho. Por las razones que sean. Luego volveré sobre este punto.
Si esto es así, debemos tener en cuenta lo que podríamos llamar Ley de la Tasa de Participación, según la cual, si tenemos dos distribuciones con una misma media y una misma desviación estándar, la distribución mayor tenderá a mostrar más valores extremos que la menor. Dicho de otro modo, y con un sencillo ejemplo, entre los alumnos de una clase de un colegio existirá una cierta posibilidad de encontrar un superdotado, pero esa posibilidad será mucho mayor si analizamos el colegio en su totalidad (esto también se aplica para el caso contrario, es decir, a la posibilidad de encontrarnos con alumnos seriamente infradotados). Y esto no contradice que los valores medios sean similares entre la clase en particular y el colegio como un todo.
La expresión estadística que reproduzco arriba describe matemáticamente esta Ley de la Tasa de Participación y cuantifica la creciente expectativa de encontrar jugadores fuera de serie a medida que crece el número de participantes en el juego (de hecho esa expectativa crece linealmente respecto al logaritmo neperiano del número de participantes).
Debemos la elaboración de la expresión a Merim Bilalic de la Universidad de Oxford, el matemático que estudió en detalle el enigma de la aparente superioridad masculina en ajedrez. No es difícil acceder en internet al “paper” en el que se detallan sus conclusiones; está en The Royal Society Publishing Proceedings.
En definitiva, dada la enorme cantidad de practicantes de ajedrez masculinos en el mundo es mucho más fácil que surjan en ese grupo jugadores fuera de serie que entre el relativamente pequeño grupo de jugadoras. Y esto es perfectamente compatible con el hecho de que la media de nivel de juego entre grupos de jugadores masculinos y femeninos escogidos al azar, pueda ser sensiblemente similar, siendo precisamente esa media de nivel lo que nos podría confirmar o no la existencia de diferencias cognitivas, y no el hecho de que haya muchos más grandes maestros masculinos que femeninos.
Ahora bien, uno se podría preguntar entonces, para refutar la argumentación estadística de Bilalic, por qué las mujeres juegan menos al ajedrez que los hombres, que era la premisa de la que hemos partido. Y esto es lo que nos llevaría de nuevo al espinoso asunto del debate diferencial sobre el cerebro masculino y el femenino.
Pues puede que estemos ante una cuestión circular.
Las mujeres juegan menos al ajedrez porque…no hay grandes campeonas.
Y no hay grandes campeonas…porque las mujeres juegan menos al ajedrez.
A lo mejor este circulo vicioso se empieza a romper con esta estupenda serie de televisión (que ha contado con asesores rigurosos y superexpertos como Kasparov o Pandolfini; este último incluso ha aparecido en un cameo como Director del Campeonato de Kentucky).
Tal vez muy pronto surjan jugadoras que sigan el camino de la china Yifan Hou, quien, con su astronómico Elo de 2658 puntos estuvo por ejemplo a punto de humillar a Magnus Carlsen en una legendaria partida del Grenke Chess Classic (se salvó de milagro el campeón del mundo, forzando tablas con su rival femenino in extremis).
Yifan Hou habría podido inspirar al autor del libro que sirve de base a la serie, de no ser porque cuando se escribió dicho libro (1983) faltaban todavía 11 años para que Yifan Hou, la gran maestra más joven de la historia con solo 14 años, naciese.
En suma, concluir que el cerebro femenino es inferior al masculino simplemente por el mero hecho de que hay menos grandes maestras de ajedrez que grandes maestros, es ponerle una zancadilla a la lógica.
Y, por cierto, zancadilla es el significado etimológico de gambito, derivado del italiano gambétto, que se define en esa lengua como el modo diestro de atravesar un pie o una pierna para hacer caer al otro o, figuradamente, poner una trampa al prójimo para obtener ventaja frente a él.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s