No escuché en directo por la radio el último debate parlamentario del que tanto se ha hablado ayer y anteayer. Estos días estoy demasiado ocupado haciendo fotografías con mi nueva R5 en las gloriosas tardes de este Otoño en el Tiergarten. O leyendo a Rovelli sentado en mi banco favorito junto al estanque.
Sin embargo, ayer me dio por leer la transcripción de la intervención del líder del principal partido conservador. No me interesaba lo más mínimo su contenido, pero tenía curiosidad por conocer los aspectos formales de esa intervención que tantos aplausos ha provocado.
Al echar un vistazo, una de las cosas que me llamó la atención es que el orador conservador le dirigió al otro líder de su cuerda, entre una gran variedad de lindezas, el insolente consejo de que debía leer a Shakespeare, citando como fundamento una famosa frase del autor inglés: «la mejor parte del valor es la discreción«.
Ya he comprobado en otras ocasiones que a este líder le gusta mucho usar citas cultas para apoyar o ilustrar sus ideas (o su carencia de ellas). En este caso, se diría que ha usado la frase de Shakespeare para indicar que es mejor no hablar mucho que andar proclamando a diestro y siniestro las virtudes propias y los defectos ajenos.
Pero en realidad no tiene el menor sentido usar esa frase a estos efectos. Es un disparate.
La frase es humorística. Y dice lo contrario de lo que el líder conservador cree que dice. La pronuncia riéndose Falstaff, en el acto 5 de Enrique IV: «the better part of Valour, is Discretion; in which better part I have saved my life«. Falstaff se ha hecho astutamente el muerto en el campo de batalla y esa muestra de cobarde talento le ha salvado la vida.
Talento sí. Villanía también. Pero no discreción en el sentido actual de la palabra, que la vincula al buen callar. Porque tanto el discretion inglés como la discreción del español, originalmente significaban sabiduría, buen criterio, inteligencia. Discreción era discernimiento, siendo ambos términos sinónimos y provenientes ambos del latín discernire, esto es, separar lo bueno de lo malo, pasar el cedazo a las cosas para encontrar el oro de la verdad entre la morralla. Ocurre que con el tiempo, nos hemos ido dando cuenta de que la mejor forma de parecer sabio es callarse las más de las veces. Y eso ha producido el cambio semántico de la palabra discrecion, que ha pasado de significar lucidez en el pensar a connotar prudencia en el decir.
Así que quien debiera leer a Shakespeare es el mismo líder que recomienda a la otra señoría que lo haga. Eso sería discreto por su parte. Y también sería discreto que tirase sus libros de citas por la ventana. No ayudan mucho y suelen ser piedra de toque de dislates como el que me ocupa.
Es mejor ir a las fuentes. O callar.

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