Me escribe un lector diciéndome que le ha hecho gracia mi reciente observación sobre la relación causal entre la belleza de los arreboles del atardecer y el polvo en suspensión.
Pues, la verdad, no soy el primero en elogiar de esa manera el humilde polvo.
Mucho antes que yo, y con autoridad y elocuencia infinitamente mayor, lo hizo Alfred Russel Wallace, el sabio, científico y naturalista británico que milagrosamente intuyó, unos cuantos años antes de Darwin, la Teoría de la Evolución. Entre otras cosas.
Alfred Russel Wallace, nacido en 1823, escribió esa maravillosa obra clásica llamada The Wonderful Century, la cual es un compendio de los grandes avances científicos y tecnológicos, desde la química a la electricidad, los transportes, la fotografía o la física, de aquel siglo que desde entonces se conoce, gracias a él, como el Siglo de las Maravillas.
En The Wonderful Century, hay nada menos que un capítulo completo, el IX, por más señas, con el siguiente título: La Importancia del Polvo: Una Fuente de Belleza y Esencial Para La Vida.
En ese capítulo, Russel nos dice que al polvo le debemos mucho del esplendor e incluso la habitabilidad que gozamos en el planeta. Señala que hay muy pocos temas de ciencia tan maravillosos como los recientes (por entonces, a primeros del siglo XX) descubrimientos que han puesto de manifiesto la importancia del polvo en la economía y la naturaleza. Explica el sabio polígrafo británico, con enorme amenidad, la relación científica entre el polvo y los rayos de luz que nos es dado ver, ya sea en el cielo carmesí del atardecer o en una habitación oscura por cuya ventana penetra el sol.
En particular, Russel explica que al atardecer, la travesía hasta nosotros que la luz solar realiza a través de las capas bajas de la atmósfera es mucho más larga que cuando el sol está en lo alto. Esa luz del ocaso viaja a través de un denso y extenso mar de polvo en suspensión. Y esas diminutas partículas de polvo son las que rechazan la parte azul del espectro luminoso (es decir, la que tiene menos ancho de banda) pero no pueden impedir el paso de los rojos y amarillos, con una longitud de onda mayor que las partículas de polvo. Esa gran cantidad de polvo que nos separa del sol del atardecer es también la que justifica que en los atardeceres nos sea dado mirar directamente al astro rey sin deslumbrarnos, incluso aunque no haya nubes en el cielo. Vemos el sol a través del polvo.
Russel pensaba igualmente que si la superficie del mar o de un lago muestra un azul intenso, eso también era debido a la existencia en la masa de agua de polvo orgánico o inorgánico que deja pasar los rojos y amarillos, por su gran ancho de banda, pero refleja la parte del espectro con menor ancho de banda, como los violetas (de aquí quizá el famoso epíteto homérico de vinoso para el mar) y sobre todo los azules. En esto también Russel acertó, aunque hoy en día se sabe que las moléculas de agua en realidad pueden hacer por sí mismas el mismo papel que el polvo, sin estricta necesidad de él.
En fin, Russel nos dice que hay que elogiar el polvo, pero no solo por la belleza cromática que produce, ni mucho menos. Dedica el resto del capítulo a explicar que sin el polvo no tendríamos ni lluvia, ni rocío ni humedad en el ambiente. Y que por lo tanto le debemos al polvo el milagro de que nuestro planeta sea un mundo fértil y habitable, y no un inhóspito desierto. En esto también acertó de lleno, porque su análisis, publicado hace casi un siglo, ha sido plenamente confirmado por la ciencia posterior.
En suma, que el polvo es mucho más importante de lo que pensábamos. Le debemos al polvo el mundo en que vivimos. Y se lo debemos en mas de un sentido, porque los astrofísicos nos dicen que las gigantescas nubes de polvo estelar son los semilleros de los planetas como el nuestro.
Así que no hay duda. Por el Bereshit sabemos eso de que pulvis sumus et in pulvis reverterimus. Y por Kansas también sabemos que todo lo que somos no es sino…polvo en el viento.

2 comentarios en “Polvo en el Viento.

  1. Hermoso texto, que entre otras cosas me ha permitido conocer a Alfred Russel. Por otra parte, y es solo un detalle: tengo la impresión de que donde dice ancho de banda debiera decir longitud de onda…

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    1. Muchas gracias, amigo. Gran tipo, Alfred Russel, sí. Y claro que tienes razón en la precisión que haces respecto a la longitud de onda. Un buen gazapo. Son cosas distintas y en relación inversa, ciertamente. Debería tener alguien que corrigiese mis disparates. Lo editaré. ¡Ay si pudiésemos hacer esto con todas las cosas de la vida!

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