Vamos subiendo penosamente por el cerro del Telégrafo, cuando notamos que nos viene viento y lluvia de cara. Mercedes se queja y dice que no se explica por qué siempre que hay viento, nos tiene que entrar de frente…
“Es que cuando te empuja desde atrás, no lo notas”, le respondo yo, casi sin aliento.
Pero es que esto pasa en muchos ámbitos.
Cuando el viento sopla a favor… no se nota. Y cuando somos dichosos, no nos damos cuenta de serlo. Esto es lo que nos ocurría antes del virus, por cierto, cuando eramos felices…y no lo sabíamos.

Un comentario en “Viento

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