Cenamos anoche unos estupendos tagliolini al parmigiano. Marta los prepara perfectos, tal vez como consecuencia de su reciente estancia en Siracusa.
–¿Sabías que le debemos este parmesano a la pandemia?
–¿A la pandemia? ¿Pero qué dices?
–Bueno. A otra pandemia. Concretamente a la gran Peste Negra de mediados del siglo XIV; esto es, a la pandemia por antonomasia.
–Ah, pues ya me explicarás.
–Es que una de las consecuencias socioeconómicas de la Peste Negra fue la elevación de los salarios de los operarios, como obvio resultado del desastre demográfico. Los propietarios de las industrias que por entonces existían, principalmente de tejidos, no encontraban la forma de retornar a sus antiguos beneficios debido a la subida dramática de los jornales que demandaban los trabajadores.
–Bien. Ya me dirás a dónde quieres llegar. Alza de salarios. OK. Pero tengo entendido que las autoridades de entonces fijaban leyes para limitar por arriba los salarios; al menos eso me comentaste un día.
–Sí. Y te dije que esas leyes no funcionaban en absoluto, como suele ocurrir con este tipo de medidas orientadas a enderezar por las malas los designios de la demanda y la oferta. La consecuencia es que los ricos volvieron sus ojos hacia el campo. Esto ocurrió especialmente en Italia, donde la peste bubónica penetró de especial forma y donde ya existía una incipiente acumulación de capital burgués. La consigna era invertir fondos en modernizar las explotaciones agrícolas para convertir la agricultura en una fuente de beneficios aún mayor que los viejos talleres de hilaturas y tintes. Y esas inversiones se traducían por lo general en canales para irrigar.
–Vale. Pero, una vez más ¿a donde nos lleva todo esto…?
-Pues que en el norte de Italia, concretamente, se desarrolló un gigantesco proceso de canalización. Todo el Valle del Po se transformó. Y una de las consecuencias de esa transformación fue el impulso a la ganadería bovina y a la fabricación del queso. Así es como surgió el afamadísimo (por entonces) queso piacentino que no mucho más tarde acabaría llamandose parmigiano, cuando Piacenza quedó en la órbita de Parma. Date cuenta que este tipo de queso de pasta dura es perfecto para la industrialización, por la facilidad de su distribución, en esas enormes piezas de más de 20 kilogramos, las cuales pueden ser almacenadas hasta 4 años sin que el producto pierda calidad, sino todo lo contrario. Perfecto para hacer negocio formaggiero.
–¡Acabáramos! Pues anda que no lías las cosas. De modo que este queso parmesano que nos estamos comiendo es una consecuencia socioeconómica de la Peste Negra medieval. Vamos, que este estupendo queso de pasta dura se debe a la horrible peste…Pues no se si me lo voy a comer a gusto…
–No veo problema. Tal vez lo interesante es que esa vinculación nos puede servir para recordar que toda gran crisis, incluyendo las sanitarias, como la que estamos viviendo, más allá de su reguero de inmenso dolor, produce cambios socieconómicos notables. Y algunos de ellos no son negativos. Todo el Renacimiento es en cierto modo un subproducto de la Peste Negra del siglo XIV. Pero ese es un tema del que hablaremos otro día. Ahora, toca disfrutar de tus tagliolini, que se están quedando fríos.

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